CRÍTICA DE CINE
'El hombre de acero' (Zack Snyder. Estados Unidos, 2013. 143 minutos)
Sin dudarlo un solo instante, lo mejor de ‘El hombre de acero’ es el tráiler. Es allí donde se crean unas expectativas que seducen para atrapar, del mismo modo que lo consiguió el flautista de Hamelin con las ratas, a un público hambriento de ver al alienígena con capa liderando una historia que no caiga en absurdeces. La mano de Christopher Nolan, al frente de la producción, y la historia presentada solo hacían aumentar esas expectativas. El comienzo del largometraje y las idas y venidas en el tiempo parecían asegurar unos buenos cimientos. Ese tormento de un hombre que no encuentra su lugar, un inadaptado, un niño perdido, un salvador… todo encaja en esa primera hora de búsqueda, decepciones, hallazgos y pérdidas. El aspecto sombrío y desalentador de alguien que aparentemente es de ninguna parte cala en esas aventuras marítimas y de carreteras alejadas de cualquier lugar.
El problema comienza en una segunda hora que tira por tierra todo lo enunciado. La rapidez y el sinsentido cobran forma mediante un homenaje a ‘Superman 2’ en la figura de los villanos ‘kryptonianos’ que intentan alterar el orden terrestre. La velocidad y las continuas batallas consiguen que la película se aleje de los postulados iniciales para que se inserte en esa absurda tradición que va teniendo lugar en este tipo de producciones: los combates espectaculares en los que no se ve nada. Los clichés siguen y suman: movimientos continuos, frenesí por el orden político, el servir a un planeta como soldado, renunciar a quién se fue y asumir que siempre será el extranjero pero que es uno más camuflado como un camaleón entre las masas desprotegidas.

La dirección de Snyder se pierde en un efectismo que acerca a la película –una más- al videojuego. Se agradece que los actores protagonistas consigan otorgar un peso algo mayor a la película, pero esta se desploma entre tanto efecto vacío. Las naves, el espacio, la lucha, los poderes, las capas, las S –de paz bélica-, el gobierno, el amor, los padres, los recuerdos…. Todo se funde en un abanico tan amplio de promesas incumplidas que definitivamente se queda muy lejos de ofrecer más que unas escasas gotas de un superhéroe que nuevamente se queda a medio gas, aunque, eso sí, ofrece un tráiler memorable. Veremos si las aventuras del reportero ex-marinero Clark Kent se toman más en serio en la segura segunda entrega.
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ







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