'VIOLA'. Entre juegos, palabras y Shakespeare



CRÍTICA DE CINE
 
'Viola' (Matías Piñeiro. Argentina, 2012. 65 minutos)

La aventura -ya iniciada con anterioridad, no olvidar ‘Rosalinda’- que el director argentino Matías Piñeiro ha dedicado a ciertos personajes de las comedias de Shakespeare tiene en ‘Viola’ una acertada continuación plagada de buenos momentos. La apuesta por la palabra no resulta en absoluto monótona ni cansina. Las conversaciones con ecos continuos de parejas, entregas, amores, distancias y seducciones varias fluye con  divertimento  y valentía.

Desde el comienzo el director opta por desnudar el fin de una relación ya agotada –supuestamente- para inmediatamente después centrarse en una de las escenas de ‘Noche de Reyes’ de Shakespeare. Graba teatro. Sus posicionamientos son útiles, moldea la palabra con la imagen. Con esta escena comienza a dar la clave de lo que va a mostrar a continuación. El juego de las palabras del escritor inglés tienen su continuación en un camerino, en el que la delgada línea de fusión de dos tiempos –el de la obra y el de la actualidad- tiende a conjugarse y consigue simular que los personajes ingenian trampas con cierta picardía, con los sentimientos siempre de fondo, al más puro estilo de ‘El sueño de una noche de verano’ o ‘Mucho ruido y pocas nueces’, sin que estos resulten impostados.

El  fragmento que se ha visto con anterioridad de ‘Noche de Reyes’ tiene su continuidad en un ensayo con las mismas protagonistas. Esta es una decisión valiente, porque vemos cómo el entramado 'shakesperiano' comienza a cobrar más fuerza y las picardías están a la vista de todos. El cebo ha sido masticado y lo que podría haber sido una curiosa tempestad de emociones, se queda en un juego con sustancia. Piñeiro no muestra más, una pena, porque la fusión de ambos terrenos estaba funcionando a las mil maravillas. Le basta con enunciarlo para avanzar la trama.

Juega con los tiempos paralelos y muestra al personaje de Viola. Las piezas van encajando. El único problema puede ser que la transición hasta centrarse en la segunda historia que, aunque se entrelaza, no deja de ser otra trama, algo lenta. Los diálogos fluyen. Hay naturalidad y la musicalidad de Shakespeare acompaña siempre guiándoles de la mano. Los equívocos, las uniones, las sospechas y las intrigas están correctamente ejecutadas para conseguir que el personaje de Viola –y sus virajes emocionales- se conviertan en centro absoluto de los acontecimientos.

El equipo actoral merece una distinción especial. El trabajo para  que todos aquellos diálogos tan largos estén impregnados de tanta naturalidad demuestra que el modus operandi elegido ha sido el acertado. Es posible que al recitar a Shakespeare falte naturalidad, pero contrasta a las mil maravillas con el resto de situaciones que reflejan lo contrario. Piñeiro sabe trabajar con actores.

Resulta también muy agradable que en tiempos de crisis se muestre a personas que ingenian  trabajos y que subsisten, como pueden ser Viola y su novio con la red de distribución de documentos bajados de Internet. Los personajes están en continua búsqueda y con eso consiguen que la trama vaya encajando sin más explicaciones.  Da puntadas acerca de una generación que no termina de encontrar su lugar mientras el tiempo condena. Shakespeare está bien utilizado, ofrece frescura y combinado con la mesura en cuanto a los planos y duración -¿por qué es tan difícil encontrar películas con la duración adecuada, aquí 65 minutos?- Matías Piñeiro consigue que ´Viola´ se convierta en una película original que avanza sin pausa y que como colofón tiene un magnífico número musical con una letra que pone un buen broche, con voz en off incluida.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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