CRÍTICA DE CINE
'Hijo de Caín' (Jesús Monllaó. España, 2013. 90 minutos)
Thriller que juega al engaño pese a llevar las cartas ya marcadas desde el título, ‘Hijo de Caín’ tiene en su manifiesta tibia ambición su mayor aval. Es lo que empuja a destacar a este producto correcto y aseado, fiado en su carrera comercial a la presencia de José Coronado. Es el rey de la función, otra más a sumar desde que ‘No habrá paz para los malvados’ relanzara su trayectoria y le hiciera un fijo en las alineaciones titulares del cine español. Todas estas circunstancias emparentan rápidamente a ‘Hijo de Caín’, adaptación de una novela de Ignacio García-Valiño, con ‘El cuerpo’, ahora sin cadáver ni incursión en el terror de por medio: Coronado, misterio, inquietud y ganas de juguetear zarandeando al guión.
Hay un punto que la diferencia de otras propuestas al uso, adolescentes inadaptados de lado oscuro, que las hay a puñados. Es la inclusión del ajedrez mediante una subtrama que si bien no termina de enganchar con la principal, atrae por sí misma. En especial por esa potente idea de mostrar por dentro a algo similar a una secta infantil del tablero liderada por un gran maestro. Aunque se le podía haber sacado más provecho, es el alfil del proyecto, el factor diferenciador. Recupera incluso las ganas de volver a jugar, blancas o negras, cuando ya hace mucho que se perdieron. A la búsqueda del tablero, una vez reafirmadas las propiedades refrescantes para el intelecto que tiene esta práctica.
El resto son peones, aunque bien movidos desde la dirección del debutante Jesús Monllaó. Las interpretaciones en general son correctas, la dirección sabe dotar de ritmo a un guión que solo se podía haber ahorrado cierta escena que se venía venir desde la distancia, el misterio se dosifica y casi nada chirría ni por exceso ni por defecto. En ningún momento se desvía de la ruta señalada y, aunque trate de arrinconar y dar la espalda a los clichés, esa misma intención le juega una mala pasada e incurre en la misma trampa. El efecto sorpresa se difumina ante ojos ya habituados al género, sin que por ello haya que desmerecer a lo que es, en definitiva, un producto perfectamente pautado –no esconde su planificación casi televisiva- con la noble intención de acumular espectadores. Cuando todas las piezas están sobre el tablero, y es el caso, no hay reproche posible.
RAFAEL GONZÁLEZ







0 comments:
Post a Comment