CRÍTICA DE CINE
'La gran familia española' (Daniel Sánchez Arévalo. España, 2013. 101 minutos)
El landismo –dicho sin acritud alguna- no se ha ido con la muerte de Alfredo Landa. Sánchez Arévalo, en base a un supuesto humor localista y 'español' que ha desarrollado en su última película, está muy cerca de hacer que esa tradición del país no se pierda. Con un guion aparentemente poco trabajado y repleto de situaciones tan tópicas y típicas como carentes de interés, se desarrolla una celebración de boda con el telón de fondo de la final del último Mundial de fútbol. Esta circunstancia del partido es un añadido que nada aporta a la historia, de hecho no se entiende la repercusión que el director quiere darle al acontecimiento más allá que la del 'orgullo español'.
Lo más hábil reside en ese plano secuencia berlanguiano en los primeros compases de la película. A partir de ahí todo pierde el interés. El contenido melodramático –que le dio mejor resultado en ‘Primos’- es tan cursi como carente de impacto. No resulta creíble su intención de mostrar una familia tan unida como frágil. En realidad todos son egoístas que no miran más allá de sus intereses, ya sean sentimentales o monetarios. No tienen problemas en pisotear al hermano o al padre moribundo si con ello van a conseguir algo.
El aspecto técnico pasa desapercibido salvo por detalles como la escena en la que los protagonistas más jóvenes se descubren. El montaje paralelo es ingenioso y hábil y consigue generar cierta expectación. Desde ese instante y sin contar el plano secuencia ya mencionado, todo es únicamente correcto. La historia es tan reiterativa como pesada. El día de la boda es tan terriblemente largo como poco verosímil. Sánchez Arévalo maneja mal los tempos del partido y la excesiva luz del día. Los personajes no tienen ninguna profundidad, son prototípicos, sin fondo y repletos de clichés. Las interpretaciones de Verónica Echegui y Roberto Álamo están muy por encima de las restantes. Álamo, aunque últimamente parezca encasillado en personajes un tanto similares en los que priman ciertas complicaciones mentales –‘De ratones y hombres’ y ‘Urtain’- lo borda y suyos son los momentos más divertidos.
Pese a tener instantes con chispa y enredos propios de telenovelas con situaciones morbosas y curiosas, ‘La gran familia española’ es una película tan anecdótica como olvidable que ensalza el sentimiento nacional y que deja, eso sí, constancia del alarde presupuestario de disponer de más de tres millones de euros.







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