CRÍTICA DE CINE
'Trance' (Danny Boyle. Reino Unido, 2013. 101 minutos)
Danny Boyle es un director que sabe manejar la cámara con prestancia. Sus películas suelen ser algo empalagosas, pero no se puede discutir su conocimiento del oficio. Es un buen artesano que sabe emplear con pericia los múltiples elementos técnicos con los que dota a sus películas.
‘Trance’ es una especie de thriller divertido con el telón de fondo del arte y la hipnosis como referentes continuos. Los engaños, las trampas continuas y las ensoñaciones terminan por ser tan redundantes como carentes de sentido. Tener buenos actores es casi un setenta por ciento del éxito de una película. El reparto que maneja Boyle es muy sugerente. Defienden sus personajes con tesón y cierta locura divertida. Los rasgos prototípicos de estas historias se disimulan correctamente bajo unas máscaras de una tensión que va perdiendo fuelle en una historia que termina por no tener pulsión. El frenesí pasional es tan previsible como alentador, hecho del que tiene buena dosis de responsabilidad la sensual Rosario Dawson, que trae de cabeza a todos los implicados. James McAvoy es un actor que va a más. Su carrera está demostrando que es un buen intérprete capaz de manejar sus expresiones y sus registros de un modo solvente. Tener al más que interesante Vincent Cassel en el reparto es un elemento más en lo que es su planteamiento.
Francisco de Goya se alterna con la ludopatía, las pasiones ocultas, el sexo, los celos, la pérdida, los robos, los sueños, los anhelos del dolor, el olvido, los engaños, más sexo, más engaños y menos Goya para así llegar a resoluciones tan típicas como carentes de fuerza. El problema de ‘Trance’ es su forma de transformar lo sugerente en reiterativo. Los primeros golpes y giros de la trama son tan abusivos que terminan por perder prestancia y fuerza. La película atraviesa fases para llegar a la más lineal y pobre. La trama se escapa de las manos y ni la música, ni la dirección, ni la luz ni el montaje consiguen sobreponerse a una historia un tanto endémica.
Danny Boyle debería preocuparse más porque sus historias fuesen mejores. No es un director que necesite realizar tantos guiños a la cartelera. Sus presupuestos son controlados y dónde va tiene éxito, de ahí que se le recrimine que no sea más valiente y agresivo con historias que le permitan demostrar su talento sin subterfugios tramposos y vacíos.
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ







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