'JOBS'. 2+2 igual a Apple



CRÍTICA DE CINE

'jOBS' (Joshua Michael Stern. Estados Unidos, 2013. 122 minutos)

Con el calor del cuerpo del tiránico Steve Jobs aún presente, se estrena este biopic que es tan aburrido como poco alentador. No solo sirve el parecido físico del actor Ashton Kutcher para que una película de tamaña envergadura tenga sentido. Joshua Michael Stern nunca parece cogerle el puso a la historia que cuenta. Tampoco ayuda un guion rellenado a base de anécdotas y que no tiene consistencia alguna. La película carece de ritmo, llegando a ser tediosa en varios tramos. No consigue conjugar el tempo fílmico de ninguna manera. Desarrolla demasiados aspectos sin aparente importancia para saltarse tramos de una supuesta mayor consistencia. Ofrece la sensación de que el capricho y la falta de trabajo documental han llevado a un resultado tan obvio como insulso.

No es valiente tampoco. Mostar  esos rasgos mezquinos de la personalidad de Jobs no posee ningún impacto. No se consigue mezclar la condición de genio con la de “mala gente y desagradecido” para conseguir un retrato algo interesante. La mordacidad se ha dejado en otro lugar para así filmar datos y chascarrillos. 

La decisión de centrarse en los primeros momentos de Jobs y su alta capacidad para comprender las múltiples revoluciones que creó podría ser un buen arranque, pero todo queda difuminado y espeso en la nada que transmite. Kutcher se implica en su trabajo pero no llega a ninguna parte porque no se cuenta nada. Su entrega es elogiable y se toma muy en serio cada matiz del personaje, pero esto no es suficiente para que la película tenga un resultado que no llega ni al aceptable. El desarrollo de la trama es demasiado sencillo, no se valora el trabajo del propio Jobs. Contar anécdotas o momentos en los que parece que todo se creó al instante hace que la  película no se tome en serio, aunque seguramente hará buena taquilla: las habilidades que dejó un genio endiosado y malhumorado  siempre son un buen reclamo comercial.

El rencor del abandono, su curiosa misantropía, su genialidad, su despotismo, su egocentrismo… todos son elementos notables sobre Steve Jobs que posiblemente en la historia que está desarrollando ahora el reputado guionista Aaron Sorkin, se reflejen de un modo más serio y contundente. Mientras, esta 'jOBS' poco descubre más allá de la anécdota. 

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'LA FIEBRE'. Tribulaciones de un burgués atormentado



CRÍTICA DE TEATRO

'La fiebre'
Autor: Wallace Shawn
Dirección: Carlos Aladro
Escenario: Sala Cuarta Pared (Madrid)

Israel Elejalde es un gran actor. 'La Fiebre' lo confirma. Si alguien lo ha dudado o sigue teniendo dudas este trabajo debería acabar con esa creencia.
 
Elejalde, en el papel de un burgués atormentado y ávido de salir de la burbuja de su vida de comodidad y fiestas para conocer la miseria que hay al lado de casa, escuchar la tristeza del mundo, es capaz de transportar al espectador desde una habitación lujosa de un hôtel del primer mundo al hotel destartalado y lleno de bichos de un pais en guerra dónde nada vale nada, desde su infancia feliz al presente terrible de un sótano dónde se tortura a los seguidores de Marx.
 
Transporta al público por el espacio y tiempo a traves de su monólogo (gran momento el discurso del fetichismo) con el apoyo de una chelista. Utiliza el escenario, practicamente desierto, apenas un sofá, un micrófono y un foco -una desnudez que ayuda gracias a su sencillez a que el actor pueda viajar solo con un gesto o unas palabras-  como medio de transporte, de lugares y de estados de ánimo, desde la euforia a la fiebre.
 
Porque el protagonista está enfermo. Comienza a subirle la temperatura al toparse con la realidad, una pena que se empeñen en combatir la fiebre y en rebajarla mediante chascarrillos y bromas. Esta apelaciones, junto con los audiovisuales que rozan lo infantil, contribuyen –con un texto que es proclive a ello- a que la obra se vea indundada de frivolidad. Al final el burgués, después de su viaje y su experiencia, volverá a sus fiestas y en la mesa de un buen restaurante contará a sus amigos sus experiencias mientras reparte souvenirs en los brindis.
 
Es una pena, porque todo el montaje se resiente, se hace largo, uno se pregunta qué le querían contar, para qué servia la chelista, si no era un recurso estético más, sin relevancia en el  montaje, las interpelaciones al publico parecen más de un monólogo de programas de comedias. Hasta el gran trabajo de Elejalde deja un poso de insatisfacción. Da la sensación de desaprovechamiento.

BENJAMÍN JIMÉNEZ
 

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'LA GRAN FAMILIA ESPAÑOLA'. El landismo colea



CRÍTICA DE CINE

'La gran familia española' (Daniel Sánchez Arévalo. España, 2013. 101 minutos)

El landismo –dicho sin acritud alguna- no se ha ido con la muerte de Alfredo Landa. Sánchez Arévalo, en base a un supuesto humor localista y 'español' que ha desarrollado en su última película, está muy cerca de hacer que esa tradición del país no se pierda. Con un guion aparentemente poco trabajado y repleto de situaciones tan tópicas y típicas como carentes de interés, se desarrolla una celebración de boda con el telón de fondo de la final del último Mundial de fútbol. Esta circunstancia del partido es un añadido que nada aporta a la historia, de hecho no se entiende la repercusión que el director quiere darle al acontecimiento más allá que la del 'orgullo español'.

Lo más hábil reside en ese plano secuencia berlanguiano en los primeros compases de la película. A partir de ahí todo pierde el interés. El contenido melodramático –que le dio mejor resultado en ‘Primos’- es tan cursi como carente de impacto. No resulta creíble su intención de mostrar una familia tan  unida como frágil. En realidad todos son egoístas que no miran más allá de sus intereses, ya sean sentimentales o monetarios. No tienen problemas en pisotear al hermano o al padre moribundo si con ello van a conseguir algo.

El aspecto técnico pasa desapercibido salvo por detalles como la escena en la que los protagonistas más jóvenes se descubren. El montaje paralelo es ingenioso y hábil y consigue generar cierta expectación. Desde ese instante y sin contar el plano secuencia ya mencionado, todo es únicamente correcto. La historia es tan reiterativa como pesada. El día de la boda es tan terriblemente largo como poco verosímil. Sánchez Arévalo maneja mal los tempos del partido y la excesiva luz del día. Los personajes no tienen ninguna profundidad, son prototípicos, sin fondo y repletos de clichés. Las interpretaciones de Verónica Echegui y Roberto Álamo están muy por encima de las restantes. Álamo, aunque últimamente parezca encasillado en personajes un tanto similares en los que priman ciertas complicaciones mentales –‘De ratones y hombres’ y ‘Urtain’-  lo borda y suyos son los momentos más divertidos.

Pese a tener instantes con chispa y enredos propios de telenovelas con situaciones morbosas y curiosas, ‘La gran familia española’ es una película tan anecdótica como olvidable que ensalza el sentimiento nacional y que deja, eso sí, constancia del alarde presupuestario de disponer de más de tres millones de euros.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'TRANCE'. Ahogados en demasiadas vueltas



CRÍTICA DE CINE

'Trance' (Danny Boyle. Reino Unido, 2013. 101 minutos)
 
Danny Boyle es un director que sabe manejar la cámara con prestancia. Sus películas suelen ser algo empalagosas, pero no se puede discutir su conocimiento del oficio. Es un buen artesano que sabe emplear con pericia los múltiples elementos técnicos con los que dota a sus películas.

‘Trance’ es una especie de thriller divertido con el telón de fondo del arte y la hipnosis como referentes continuos. Los engaños, las trampas continuas y las ensoñaciones terminan por ser tan redundantes como carentes de sentido. Tener buenos actores es casi un setenta por ciento del éxito de una película. El reparto que maneja Boyle es muy sugerente. Defienden sus personajes con tesón y cierta locura divertida. Los rasgos prototípicos de estas  historias se disimulan correctamente bajo unas máscaras de una tensión que va perdiendo fuelle en una historia que termina por no tener pulsión. El frenesí pasional es tan previsible como alentador, hecho del que tiene buena dosis de responsabilidad  la sensual  Rosario Dawson, que trae de cabeza a todos los implicados. James McAvoy es un actor que va a más. Su carrera está demostrando que es un buen intérprete capaz de manejar sus expresiones y sus registros de un modo solvente. Tener al más que interesante Vincent Cassel en el reparto es un elemento más en lo que es su planteamiento.

Francisco de Goya  se alterna con la ludopatía, las pasiones ocultas, el sexo, los celos, la pérdida,  los robos, los sueños, los anhelos del dolor, el olvido, los engaños, más sexo, más engaños y menos Goya para así llegar a resoluciones tan típicas como carentes de fuerza. El problema de ‘Trance’ es su forma de transformar lo sugerente en reiterativo. Los primeros golpes y giros de la trama son tan abusivos que terminan por perder prestancia y fuerza. La película atraviesa fases para llegar a la más lineal y pobre. La trama se escapa de las manos y ni la música, ni la dirección, ni la luz ni el montaje consiguen sobreponerse a una historia un tanto endémica.

Danny Boyle debería preocuparse más porque sus historias fuesen mejores. No es un director que necesite realizar tantos guiños a la cartelera. Sus presupuestos son controlados y dónde va tiene éxito, de ahí que se le recrimine que no sea más valiente y agresivo con historias que le permitan demostrar su talento sin subterfugios tramposos y vacíos.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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