CRÍTICA DE CINE
'Ayer no termina nunca' (Isabel Coixet. España, 2013. 108 minutos)
‘Ayer no termina nunca’ solo posee dos elementos interesantes: una idea y Candela Peña. La idea ya se encarga de tirarla por tierra la propia Coixet con un guion tan malo como inconsistente. Las decisiones argumentales parecen sacadas de la chistera de la desesperación más manida que pudiese existir entre todas las posibilidades. Juntar a un matrimonio separado en el cementerio por un posible traslado del cadáver del hijo de ambos tras cinco años sin verse era un punto de partida que sonaba interesante. Pero ya desde el arranque se difuminan esas intenciones, que no dejan de ser un argumento para un cortometraje.
El hecho de que sitúe la historia en un futuro (2017) en el que sólo se refleja lo caótica que será España en ese momento es un mero artificio para jugar a realizar un cine con pretenciosos tintes de crítica social que, evidentemente, son caprichos improductivos e inconsecuentes. No faltan las menciones a los rescates europeos, los desahucios, los bancos… todo de pasada, como dejando constancia de que se conoce la actualidad. La acción se desarrolla en una nave –que es un cementerio con impresión de abandonado- casi en ruinas por la que los personajes deambulan con sus recuerdos y sus reproches envueltos en unas frases tan mal escritas como peor resueltas.
Es una pena que un actor tan notable como Javier Cámara se muestre en esta película tan alejado de lo que puede ser un buen trabajo. Lleva todo hacia una especie de humor sin gracia que contrasta –y mucho- con la seriedad formal de una Candela Peña que trabaja con esas frases imposibles que en ella suenan naturales. La dirección llega a marear con unos movimientos de cámara que jamás generan tensión en el espectador. Tampoco ayuda el jugar con una especie de reflexiones a modo de aparente documental en blanco y negro -¡cuánto daño le ha hecho a Coixet realizar los documentales insustanciales que ha venido dirigiendo!- que todo lo vuelven aún más pesado y sin sentido. El sonido tampoco ayuda mucho y por momentos los diálogos no se entienden con nitidez.
‘Ayer no termina nunca’ juega a ser un pequeño producto –eso en apariencia, porque al ver los créditos se constata que Coixet no ha estado exenta de ayudas potentes- intimista pero que en realidad es otra muestra más de demagogia sin talento con una duración tan abusiva como innecesaria. A pesar de todo, Coixet seguirá rodando y presentando sus películas en festivales.
IVÁN CERDÁN







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