CRÍTICA LITERARIA
'Antigua luz'
Autor: John Banville
Editorial: Alfaguara
Año: 2012
Páginas: 293
ODA A LA PALABRA DE UN GRAN BANVILLE
La memoria y sus recovecos tienen un papel fundamental en esta excelente novela del autor irlandés John Banville. Muy por encima de la trama se sitúa el excelente manejo del lenguaje que emplea el autor. Siguiendo pautas 'nabokovianas', por las que se valora el estilo y la estructura más que las grandes ideas, Banville usa gran parte de su artillería en recrear aspectos pasados y presentes de la vida del actor aparentemente retirado Alexander Clave. Resulta muy curioso el ligero paralelismo que hay con la novela ´La humillación’ de Philip Roth en cuanto a la coincidencia de que el protagonista de ambos textos sea un actor que se ha quedado sin palabras en un escenario y que a través de ese aparente retiro comienza a aventurarse en nuevas evocaciones. De todas formas, la falta de esperanza de Roth no tiene nada que ver con el personaje de Banville.
En 'Antigua luz’ la forma en la que se combina esa dualidad de tiempos –pasado y presente- es certera y nunca desubica al lector. Las trampas que los recuerdos someten a las personas son fundamentales para recrear una adolescencia plagada de cierta lascivia y morbosidad en la figura de la sugerente señora Gray, madre de su mejor amigo, con la que mantiene una especie de relación carnal altamente satisfactoria y por la que comienza a descubrir sus primeras debilidades como ser humano. Con ecos de Joyce y de sus epifanías, Banville argumenta de un modo detallado todo ese universo plagado de evocaciones, algunas tan irreales como sentidas, que ayudan a conocer a un Clave que de un modo casi enigmático realiza su debut en el cine cuando aparentemente estaba retirado. De nuevo las coincidencias –el propio Banville quizá se dé un pequeño papel, reservándose el personaje de JB- le hacen revivir una situación desgraciada con respecto a su hija. La búsqueda de respuestas es una constante y le llevan a viajar al lugar del dolor envuelto en mantos aparentes de sustituciones afectivas –como es el viaje a Italia-. La búsqueda de paralelismo entre sus circunstancias actuales y lo que fueron las de tiempo atrás consiguen que su memoria bascule por aquellos rincones ya olvidados y que solo ocultan más dolor.
El ritmo que imprime Banville es muy sosegado. Su empleo meticuloso de las palabras, su estricto orden y su perfecta construcción de las frases consiguen que ese recrearse por aquellos instantes revividos se disfruten por la fuerza que posee un escritor que, sin duda alguna, está en las más altas cimas de la literatura –no olvidar nunca su novela ‘El mar’-.
Hay cierta tensión en algunos instantes en los que recuerda sus encuentros con la interesante señora Gray. Siempre hay un límite que lo hace tan peligroso como excitante. El juego de experimentar, de enfrentarse a las primeras preguntas sin respuestas, de sufrir por la ausencia, de realizar los primeros envites sin sentido y sin lógica, pero dictados por el ansia de compartir el deseo. Todo se contagia en esas idas y venidas de añoranzas que se trasladan a la eterna pregunta sin respuesta, ¿qué habrá sido de…? El ya viejo Alexander Clave busca respuestas, quiere conocer lo que un día fue su vida, lo que un día fue su pasión más mordaz, lo que un día le hizo sentirse vivo.
Banville evoca las escenas sexuales con un tino extraordinario. Juega con la información aparentemente velada pero que en realidad describe con pulcritud y con todo tipo de detalles –siempre dentro de un orden-. La decepción también tiene su particular engranaje, la desidia por ese tiempo que queda o que no se aprovechó cómo era debido.
Mención especial merece la traducción de Damià Alou en todo el engranaje complejo y repleto de ramificaciones en la construcción que plantea Banville.
‘Antigua luz’ es una grandísima novela sobre un aprendizaje tardío que vuelven a situar –una vez más- a Banville como un más que firme candidato para el Nobel.
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ







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