'LA HERIDA'. Derrumbe, dolor y ambulancias


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CRÍTICA DE CINE

'La herida' (Fernando Franco. España, 2013. 98 minutos)

Con dos importantes premios en el Festival de San Sebastián –Premio Especial del Jurado  y Concha de Plata a la actriz Marian Álvarez-, quizá sea suficiente para que el debut de Fernando Franco se instale en la retina de ciertos productores para que estos apuesten por un cine de corte serio y bien resuelto y ayude a que los distribuidores busquen talento por encima de los números.

Muy por encima de la historia que cuenta, lo que consigue que ‘La herida’ sea una película interesante es la interpretación que realiza su protagonista, Marian Álvarez. Su trabajo es tan delicado a la vez que descarnado, agresivo, dulce, hiriente, gozoso, anhelante y salvaje que es ya un reclamo. La composición que ha conseguido materializar de una persona tan salvajemente herida por sí misma y sus circunstancias y las que no lo son tanto, es tan perfecto que encumbra a la película. Hace muy bien su director en basar su trabajo técnico en planos medios de la protagonista. Con ella en plano todo tiene sentido, cuando no está no lo tiene tanto. La historia es reiterativa y parece no avanzar. El recurso de la elipsis no es satisfactorio, aunque lo que pretenda conseguir es mostrar la rutina en la convivencia con una persona así. Los momentos incómodos y tensos para el espectador vienen provocados, más que por las situaciones en sí mismas, por los gestos del trabajo de Marian Álvarez, que siempre consigue que suceda algo.

El resto de personajes que acompañan el periplo de dolor y automutilación de esa conductora de ambulancias están desdibujados. Ni siquiera la madre –y no por la interpretación de Roxana Blanco- consigue aportar algo a ese universo íntimo. Tienen como única finalidad el mostrar un lado más de esa convulsa y enferma personalidad de Ana, un tanto derrotada por su trabajo como conductora de ambulancias –de traslados- y  que busca hacer el bien, dentro de sus posibilidades, a los necesitados, aunque esto tampoco parece poder paliar su tortura. Son dos extremos que no aportan demasiado, ni el oficio ni su relación con los demás, pero, y conviene dejarlo muy claro, cada instante de Marian Álvarez está dotado de talento y hace que el espectador se interese por cada matiz que ofrece.  La muestra de cierto contraste que ofrece entre sus seres queridos y personajes anónimos mediante chats no aclara nada más. El espectador ya es suficientemente consciente del dolor que sufre ella misma, no es necesario ofrecer unos rasgos que quedan a la vista con su compañero de trabajo. Parece todo una intención de mostrar que ella tiene buen fondo y que su enfermedad le ha llevado a ser cómo es; realmente no suena convincente ni necesario.

La película viaja en esa lucha por encontrarse en el punto final de unas mareas temporales que nunca se detienen en el lugar correcto. Los instantes de cierta esperanza son atisbos en ese catálogo de lesiones. El peso del pasado es demasiado incierto. Se pueden intuir determinados lastres pero tampoco ofrecen mucho. Al contrario, condenan a cierta previsibilidad de acontecimientos, como en la boda del padre.

La siempre correcta y talentosa fotografía de Santiago Racaj, aquí, pese a ser buena, no parece acompañar tanto a la historia. Racaj tiene como aliado en su trabajo a las películas de Javier Rebollo, donde consigue desarrollar sus mejores iluminaciones. El montaje es ágil y aunque tiene un metraje algo más largo de lo que ofrece la historia, se lleva bien. La banda sonora también es correcta y se inserta perfectamente en ese día a día de una persona tan frágil como hiriente.

Pese a que ‘La herida’ es una película de correcta factura, un interrogante acechatras su visionado: ¿tendría el mismo efecto si no hubiese sido Marian Álvarez su protagonista? En cualquier caso, acierto de la dirección al apostar por ella.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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