'EL SUR DE EUROPA. DÍAS DE AMOR DIFÍCILES'. Vísperas de mucho


CRÍTICA DE TEATRO

'El sur de Europa. Días de amor difíciles'
Compañía: La Tristura
Sala Cuarta Pared de Madrid. Festival Escena Contemporánea
 
Había mucha expectación para ver el nuevo montaje de La Tristura que se presentaba dentro del Festival Escena Contemporánea. La Cuarta Pared estaba llena, con numerosa gente de la cultura. Esta expectación se veía aumentada por el hecho de que cada espectador debía recoger unos cascos inalámbricos que tendría que ponerse en los actos I y III. La cosa pintaba, al menos, innovadora.
 
El ambiente estaba justificado. La Tristura es una de la compañías más emergentes y jóvenes del panorama teatral español, artífices de uno de los montajes más sorprendentes de los últimos tiempos: 'Materia Prima', un espectáculo protagonizado por niños repleto de grandiosas imágenes y dónde lo poético servía para hilvanar un discurso acerca de la no resignación ante un mundo que se destruye, de la necesidad de crear incendios en el alma y en el deseo para lograr algo más que sobrevivir ante el derrumbe.
 
'El sur de Europa. Días de amor difíciles' parece querer continuar en esta línea. Parece, porque no lo consigue, ni formalmente ni discursivamente. Allí dónde antes había un lenguaje poético, que arrastraba al público, potencialmente incendiario en todos los sentidos, como sólo la poesía puede lograr, aunque no terminara de decidirse hacerlo, ( y probablemente no hiciera falta), aquí no alcanza ese nivel. La obra transita entre algunos aciertos, en el tercer acto especialmente, y momentos insustanciales, casi pretenciosos.
 
Dónde antes había una comunión con su momento, con la calle, con el sentir que algo se estaba acabando, que había que volver a repensar todas las promesas, reformular las mentiras que nos habíamos hecho, aquí hay una especie de ensimismamiento (a pesar de las referencias directas a la realidad) donde el discurso a veces se vuelve simple y fácil. Este detalle decepciona aún más cuando se supone que se ha trabajado con textos del colectivo Tiqqun o de Agamben.
 
Y eso que el principio promete. Los auriculares puestos, niebla en el escenario que impide ver lo que hay y un diálogo de una pareja que decide reencontrase. Se agradece la experimentación y la búsqueda de nuevas formas. Cada espectador recibe el diálogo de forma íntima, el mismo diálogo que es lanzado para todo el público por los actores en escena, a los que no puedes ver. Es un diálogo sobre cómo afecta la realidad a las relaciones personales, sobre cómo afrontarlas.
 
Sin embargo, algo empieza a no funcionar y empieza a invadir esa sensación al espectador. La escena se hace monótona, a momentos no importa mucho lo que dicen los personajes, y en este caso es lo único que debiera importar. Aún con estos defectos la obra se mantiene.
 
Llega el segundo acto, un largo y tedioso karaoke, en el que, supuestamente a través de las canciones, siete personajes borrachos con pistolas y en una fiesta en un crucero dan cuenta de la historia, de la memoria del sur de Europa, de sus frustraciones y de su imposibilidad de alivio. La escena no funciona en ningún sentido, más bien parece los primeros ensayos, las  investigaciones iniciales de un proceso que podría llegar a una propuesta valiente. Pero ni las canciones, ni los bailes, ni mucho menos los discursos, algunos en exceso simplistas, logran armar un discurso sólido o crear imágenes o sensaciones. Podría uno saltarse este cuadro y quedarse igual, mejor incluso.
 
Es una pena, porque lastra el tercer acto, quizás lo mejor de la obra, aunque a estás alturas uno no pueda quitarse de la cabeza, de forma culpable, que le están haciendo trampas, que están apelando a cierta complicidad con la actriz ( gran papel de Chiara Bersani). Aquí sí se apela a esa poesía que tan bien maneja La Tristura, en una escena que podría recordar a una película de Godard, en la que se habla de la valentía, de la necesidad de romper con todo para buscar una vida plena, una vez más los incendios, aunque condenen a las cenizas a quien se atreve a provocarlos.
 
Ojalá La Tristura recupere su pulso, vuelva a armar una pieza llena de poesía, que vaya más allá de los apuntes y pequeños aciertos de 'El sur de Europa'. Talento tienen, lo han demostrado, y la escena teatral los necesita.
 
BENJAMÍN JIMÉNEZ

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'OPERACIÓN TRUENO'. El paso definitivo


CRÍTICA DE CINE

´Operación trueno' (Terence Young, Reino Unido.1965. 129 minutos)

Dedicada a  Pas

‘Operación Trueno´ sigue gozando de buena salud tras el paso de los años, al igual que la dirección de Terence Young, el director que mayor partido supo sacarle a James Bond. Se agradece y mucho, que la Filmoteca haya decidido rescatar unos cuántos títulos de la saga, lástima que no sean todos –los de Connery, evidentemente-.

Cuando a Terence Young le encargaron dirigir la primera película de la saga literaria de James Bond, muy serio, respondió que solo adaptaría tres títulos de la serie: ‘Dr. No’, ‘Desde Rusia con amor’ y ‘Operación Trueno’. A la postre fueron realmente las tres que dirigió, pero en ese momento nadie era consciente de que Bond se convertiría en la saga más exitosa y continuista que ha dado el cine a lo largo de su historia. Los primeros devaneos se inclinaron por elegir ‘Operación Trueno´ como ese debut –sin contar la comedia y miniserie televisiva ´Casino Royale’- debido a toda la acción que contenía. Fue un acierto que se inclinasen por ‘Dr. No’, dado que  ciertas carencias presupuestarias hubiesen llevado a Bond a la lona con un K.O. casi histórico. 

‘Operación Trueno’ llegó en el momento justo como cuarta entrega fílmica de la serie. La tercera dirección de Terence Young,  aún no siendo tan brillante como ‘Desde Rusia con amor´, si lleva al asentamiento ya global de Bond en su porvenir. Aunque la adaptación del libro se suaviza –fundamentalmente en el aspecto de las resacas de 007, como en todas- sí está realizada con mucha precisión en lo que a diversas acciones se refiere, sería algo más que un basado en. Evidentemente el Bond de los libros no es exactamente el de las películas. Ese encanto, esas maneras que aportó Connery, le deben mucho a Young, que cuidó tanto los detalles que han perdurado hasta el día de hoy –aunque Craig sea más salvaje-. 

‘Operación Trueno´ no deja de ser una película arriesgada para los tiempos que corrían. Que la gran mayoría del rodaje fuese bajo el agua demuestra la confianza que se tenía en el resultado de la misma para captar toda la atención del público. Las coreografías están muy trabajadas y de nuevo se juega con un aspecto de verosimilitud muy importante. Todas las historias de las cuatro primeras películas de la saga son consistentes en cuanto a la trama se refiere. Si se analizan con precaución, se observa que no es todo tan alejado de situaciones que realmente podrían suceder –atracadores de reservas monetarias de un país, creador de un descifrador, sustracción de dos bombas a la OTAN….-  Tampoco los artilugios que emplea Bond son nada del otro mundo –una pistola, un maletín con un cuchillo y con doblones de oro, un reloj contador geiger, quizá lo único más extraño sea el coche que tiene en ‘Goldfinger’-. De este modo, el espectador podía sentir una identificación en ciertos aspectos con 007 y adentrarse en historias en las que hasta él mismo, por circunstancias vitales, podría verse envuelto. Eso sí, nunca del modo tan realista y asfixiante como las protagonizadas por el detective  Marlowe.

‘Operación Tueno’ supuso el asentamiento de esa base que ya fueron lingotes de oro tras la comercial ‘Goldfinger’. La madurez del personaje llega en este título a su cota más elevada. A partir de este momento ya nada será lo mismo. El despliegue brutal que tiene toda la película con respecto a medios empleados, son menudencias si se comparan con las posteriores. La mayor inversión no supone una mejor historia y eso fue un hecho con el abandono de Connery como Bond. 

La estructura del film es cuanto menos peculiar. Toda la primera parte del metraje se desarrolla en una clínica en la que Bond se recupera de ciertas heridas y fundamentalmente se desintoxica del alcohol –aunque se prescinda de ello en la película- y allí entra en relación con los primeros atisbos de lo que será su misión. Toda esa transición es llevada de un modo efectivo por una dirección que deja que se desprendan todos los encantos de un Bond obsesionado por dejar su impronta en cada frase. Se juega mucho con el humor –como la escena en la que Bond deja “cociendo” a uno de los villanos en un baño caliente- y la triste realidad de las consecuencias posibles del plan de Spectra.  Los detalles en la historia cobran un protagonismo muy importante y suman en el haber del resultado final. La piscina repleta de tiburones resulta inquietante, al igual que la escena nocturna en Palmira o, cómo no, ese magnífico baile con ecos de amante afligida que mantiene Bond con la villana atractiva en pleno carnaval.

Adolfo Celi y su parche en el ojo son garantía máxima para ser un villano con pulso. Realmente su grado de enajenación es cuanto menos inquietante, no solo le mueve la avaricia, sino unos celos que consiguen que su plan se vaya al traste. Las chicas Bond, ya sea la enérgica  Luciana Paluzzi en su papel de villana, como  Claudine Auger en su rol de chica Bond, no son meras figuras hermosas y elegantes que dan colorido y curvas a la película. Sus interpretaciones son bastante sólidas y verosímiles, aportando su importante granito en una trama que quizá peque de demasiada espectacularidad en la lucha final bajo el agua y eso le haga perder algo de consistencia –cosechó el Oscar a los mejores efectos especiales-, aunque no reste prestancia al resultado global de una película que ha sido, es y será imprescindible en cualquier veraneo.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'CENIZAS' (Álvaro Ortiz) / 'ÉXITO PARA PERDEDORES' (David Cantolla y Juan Díaz-Faes)



CRÍTICA LITERARIA

'Cenizas'
Autor: Álvaro Ortiz
Género: Novela gráfica
Editorial: Astiberri. 192 páginas

'Éxito para perdedores'
Autores: David Cantolla y Juan Díaz-Faes
Editorial: Astiberri. 279 páginas

BUENOS ARGUMENTOS, PÉSIMAS RESOLUCIONES

La idea que plantea Álvaro Ortiz con ‘Cenizas’ es muy interesante. El reencuentro de tres amigos o que al menos lo eran con un fin, el de cumplir la última voluntad del cuarto compañero ya fallecido. La idea de la 'road movie' envuelta en el traslado de unas cenizas comienza con frescura. Las idas y venidas en el tiempo están bien resueltas y las pequeñas informaciones que ofrece el autor son suficientes para que el lector vaya conformando el perfil de los personajes. Las historias de carretera han de suceder rápidamente, nadie puede quedarse demasiado tiempo en un sitio, necesitan avanzar y más si existen persecuciones. La primera mitad del volumen se sigue con entusiasmo. Los dibujos y las transiciones son efectivas y todo mantiene el tempo adecuado, pero pasada la mitad la historia comienza a desinflarse hasta cotas insospechadas. Los malos de repente son buenos y los rencores pasan a mejor vida. Los giros argumentales son tan previsibles como carentes de efecto y condenan al álbum a quedar estancado en lo que pudo haber sido pero que ya no será ni por asomo. Una pena que el autor no haya sabido mantener la garra de un argumento que queda tan diluido que hasta se olvidan sus buenas intenciones iniciales.

‘Éxito para perdedores’ plasma la realidad envuelta en crisis de un modo tan reconocible como papable. Todo el desplome de los sueños está bien urdido en una historia que se convierte en manida y sencilla. Los tiempos no llevan al equívoco, pero da la sensación que la historia se les quedó larga a los autores, que se muestran inconsistentes en lo que son unas propuestas iniciales que apuntan alto. El guión hace tantas aguas que resulta incomprensible la extensión del mismo por ahondar en la nada que proponen casi continuamente. Quizá lo que hayan intentado es la realización de páginas a lo loco para abultar más.

Si analizamos la parte final de ‘Éxito para perdedores’ la decepción es aún mayor, dado que si estar en la quiebra les ayuda a tener otra visión del trabajador, no parecen que hayan aplicado el cuento a sus nuevos éxitos –los de los autores del cómic-, concretamente a Pocoyó, en donde tienen a gran parte de la plantilla con un enorme malestar. Lástima que en sus elaborados dibujos no hagan hincapié en este asunto y es que ya lo dice el refrán: “nunca pidas a quién pidió, ni sirvas a quién sirvió”.

En definitiva, Astiberri ha sacado a la luz dos buenas ideas que quedarán ancladas en territorio olvidable a marchas forzadas.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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AMENAZA TORMENTA. Los Goya (I)


El descrédito de los Premios Goya no tiene fin. El fondo no se vislumbra. Las nominaciones de la ceremonia de 2013 suponen un importante paso en esa labor de desprestigio que se iniciara ya hace un puñado de ediciones. Todo parte del desinterés mostrado de antemano hacia productos que realmente tengan algo que aportar, de las decisiones de una mayoría amparadas en el amiguismo que premia a bombo y platillo las películas taquilleras. Y del voto hacia aquello que se supone que hay que votar. Naturalmente siempre hay excepciones, como el bofetón que supuso el triunfo de la última película de Agustí Villaronga, 'Pa negre', hoy ya, pasado el subidón inesperado del momento, otra vez en el anonimato.

Fue hace unos años cuando se puso a José Luis Garci entre la espalda y la pared al acusarle de comprar votos. A contracorriente, Carlos Saura le defendió. Lo veía normal. En cierta manera resulta comprensible, ganar premios hace que la gente acuda al cine. Pero lo de Garci eran menudencias en comparación a la desazón que ocasiona la Academia. Las votaciones son tan hipócritas como carentes de sentido. La destrucción del cine español y el poco impacto que produce –salvo escasas excepciones, como puede ser el género de terror- tiene su origen en una política que apuesta por lo burdo.

Poco hay que rascar de las nominaciones de la inminente ceremonia. Todo tan pulcro y aseado que hasta coinciden las candidatas a mejor película con las enviadas en fallida misión rumbo a los Oscar. 'Blancanieves' parte como la 'outsider'. Hacía tiempo que un largometraje español no recibía tal avalancha de elogios no recompensados por la taquilla y probablemente tan poco justificados. La sombra de 'The artist' pesa demasiado. Trueba sigue su idilio con los Goya y presenta candidatura con 'El artista y la modelo', ejemplar de cine de degustación lenta, tedioso a ratos y alejado del gusto medio. Sus mejores aportaciones son las interpretaciones de Jean Rochefort y Aída Folch. Pinta mejor 'Grupo 7'. Pese a sus deficiencias, constituye un notable intento de hacer cine de género, en este caso de acción, rodeado de un contexto social y político de mucho interés, los años previos a la Expo'92 de Sevilla. Es, dentro de un cuarteto con demasiadas costuras, lo mejor de largo. Cierra el grupo la traca de fin de fiesta, el largometraje que salva las cuentas económicas. Bayona, como ya hiciera con 'El orfanato', demuestra que sabe cómo acariciar la fibra más sensible del espectador. Esa manipulación toca techo con 'Lo imposible' -atención al uso de la banda sonora y a esa catarsis 'hitchcockiana'-. 'Lo imposible' es el 'best seller' de la temporada. La definición lo dice todo.

Del resto de nominaciones, sorprende la ausencia –salvo la recuperada Candela Peña- en el capítulo interpretativo del elenco –fundamentalmente Eduard Fernández- que trabaja en esa suma de cortos que es 'La pistola en cada mano'. La única nominación de 'El muerto y ser feliz', en manos de José Sacristán, clama al cielo. La que probablemente sea la mejor película de  todas las que estaban a concurso ha sido clamorosamente ninguneada. El juego que se aplica con las nominaciones es tan doloroso como hiriente. Se están cargando el buen cine. Tampoco ayuda mucho el hecho de que las películas deban pasarse a 35 milímetros. Es una operación tan gravosa como inoperante. De este modo el mercado seguirá copado por los mismos apellidos y las tecnologías que interesen, ya perpetuadas. Aunque la gallina ha dejado ya de dar huevos de oro, ahora sólo quedan los restos que ya nadie quiere.

Las películas se han de juzgar por su resultado, no por el grado de amistad con el productor, director o elenco. Evidentemente esto no será posible si el sistema de selección sigue siendo como el actual. Lo más lógico es que los candidatos fuesen juzgados por un jurado anónimo y a ser posible secreto y de otro país y que, además, las películas estuviesen sin firmar. De ese modo todo tendría cada juicio de valoración y un peso más importante. Una utopía, a fin de cuentas. Hay demasiados proyectos pendientes del hilo de la influencia.

En resumen, amenaza lluvia sobre los Premios Goya. Y el presunto equilibrio de las últimas ceremonias se tambalea. El cine español está en pie de guerra por los recortes. Todo apunta a que se repetirá, a otra escala, lo sucedido con aquella célebre edición del 'No a la guerra'. La tormenta está fuera, pero también dentro. Y sobre eso habría que recapacitar y dejar de lado ya de una vez, quién y cómo pisa la alfombra roja y cuánto pesa la dichosa estatuilla. Lo imposible, por otro lado. 

I. CERDÁN / R. GONZÁLEZ

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'ANIMAL PARTY'. Miriam Muñoz



CRÍTICA LITERARIA

'Animal party'
Autora: Miriam Muñoz
Editorial: Edicions de Ponent (2013)
Páginas: 107



ZOO SENTIMENTAL EN BRIGHTON

El debut de Miriam Muñoz en la novela gráfica se salda con una novedosa y muy interesante, fundamentalmente en el aspecto formal de la misma,  puesta de largo de una historia que puede tocar de cerca  a varias generaciones que acudieron al extranjero en busca de formación y extrañas aventuras. Tal y como está la situación en España es cierto que las huidas al extranjero son más una lucha por conseguir algo que una necesidad de encontrar simplemente aventuras. La autora emplea una estructura que aporta una visión muy atrayente al género autobiográfico. Es valiente en todo su planteamiento sin caer en extrañas y vacuas sensibilidades.

Los momentos de desilusión se alternan con la novedad de lo desconocido. Todos estos elementos combinan con un notable sentido del humor que otorga una visión esperanzadora a cualquier imprevisto con el que se encuentra la protagonista. Radiografía con detalle la dificultad de encontrar una casa y unos compañeros con los que poder sobrevivir sin que las resacas minen no solo el ánimo sino la integridad física.

La añoranza y sus diferentes texturas cobran vida propia en una Miriam –protagonista- que se interroga continuamente sobre el sentido de su aventura en un lugar como Brighton. La motivación no es otra que la sentimental, pero en ningún momento la autora se vuelve ñoña en su exposición. Resulta muy complicado adaptarse a una nueva rutina que no termine por romper las esperanzas de un cambio. La asfixia  a la que se somete la propia protagonista está expuesta de un modo tan reconocible como cómico. La distancia ha sido una aliada con la autora a la hora de evocar sus vivencias.

La transición entre viñetas es muy creativa  y los diferentes animales que acompañan a Miriam en Brighton en forma de estado de ánimo siempre ofrecen una clara radiografía del momento exacto. Es el mundo laboral el que ayuda a la protagonista a encontrar su hueco en una ciudad que comienza a abrírsele y de la que termina tan cautivada como consciente de que ya jamás saldrá de ella –en su mundo interior, evidentemente- .

Una historia con parecidos parámetros ha podido ser contada en múltiples medios, como el cinematográfico con ‘Una casa de locos’, por poner un ejemplo;  pero ‘Animal party’ posee una cualidad fundamental en el desarrollo artístico de la autora. Ha sabido hacer especial algo común, el modo seleccionado tiene  fuerza y originalidad. Las diferentes comparativas de las ciudades –con Madrid-  ya sea en cuestión de supermercados o de hábitos alimenticios son muy ingeniosas y divertidas.

Brighton al igual que los pubs, las sidras ingeridas y la mala alimentación forma parte como un personaje más de la novela gráfica, creando cierta intimidad con el lector. La sutileza en los aspectos íntimos es otro punto a favor en todo lo que implica un proyecto tan notable como es ‘Animal party’, que campa a sus anchas por un territorio tan conocido como peligroso pero en el que Miriam Muñoz acredita un talento envolvente y una voz novedosa en ese difícil mundo que implica el encontrarse a uno mismo en alguna parte… aunque sea en Brighton y a ser posible,  con Nick Cave.

G. BJÖRNSTRAND

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'MARIDOS Y MUJERES´ Rigola juega al escondite


CRÍTICA DE TEATRO

´Maridos y mujeres' de Woody Allen.
Adaptación y dirección: Álex Rigola.
Teatro La Abadía. Sábado 2 de Febrero 2013

Tras sus dos últimas y olvidables adaptaciones de Shakespeare, ‘Coriolano’ y ‘Macbeth’, Rigola ha optado por un valor seguro como suele ser Woody Allen y la que es sin duda su mejor película, ‘Maridos y mujeres’. El problema radica ya desde el propio título, dado que Rigola juega con su propuesta a parodiarlo y a mantenerse bastante alejado de la esencia del texto de Allen. Quizá hubiese sido más acertado dar alguna pista sobre lo que se proponía realizar el director catalán para no generar falsas expectativas.
 
La puesta en escena es un acierto en cuanto a escenografía se refiere. La misma busca ser cualquier salón en el que pueden habitar los espectadores, que se sitúan como auténticos 'voyeurs' de la vida de los ocho protagonistas –seis actores-. Ese salón da cabida a todo lo que sucede en la historia, aunque también una pizarra –que no aporta nada- da soporte a ciertas acciones.
 
Las interpretaciones son un tanto desiguales. Luis Bermejo –encarnando el papel que interpretó Woody Allen- destaca por varias razones, una de ellas: que no imita a Allen. Es capaz de mostrar muchos matices de un personaje que es enormemente rico, pero que por agradar al público cae en varios tópicos –como todos- que hacen que se distancie enormemente del texto de Allen. Los papeles femeninos tienen un punto de desequilibrio demasiado exagerado. Todos esperan el engaño y eso dista de nuevo enormemente de la concepción alleniana. La perspicacia del personaje de Nuria Mencía está fuera de lugar, no por su trabajo, sino por las intenciones marcadas en la adaptación.  Miranda Gas destaca más en su rol como la amante del personaje interpretado por Elejalde que en el de la Rain que seduce a Alex –Luis Bermejo-, que se queda sin fuerza desde el comienzo. A Elisabet Gelabert quizá le falte algo de mesura y realmente saca de quicio en diferentes momentos por esa angustiosa manía de Rigola de querer ver más allá de lo que propone el texto. Alberto Jiménez –gran actor por otro lado- se queda en territorio de nadie en los dos personajes que interpreta, no varían los matices del uno al otro y eso es una pena porque él tiene mucho talento, pero aquí queda desdibujado.
 
Son de agradecer las transiciones abruptas; consiguiendo un montaje dinámico que no da respiro: digamos, que es una especie de cámara al hombro que se agita como la vida interior de unos personajes que se encaminan hacia el miedo de reconocer lo que sienten.
 
Este acierto se ve mermado por Rigola al suavizar un gran texto, castellaniza nombres y anécdotas, transformando todo en un producto liviano que para los que no conozcan el texto de Allen quizá les divierta; pero se queda tan lejos de lo propuesto por el director neoyorquino, por lo  que resulta muy injusto que la obra se titule ‘Maridos y mujeres’.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ 
 

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'DJANGO DESENCADENADO'. Tarantinadas


CRÍTICA DE CINE

'Django desencadenado' (Quentin Tarantino. Estados Unidos, 2013. 165 minutos)

Para Rafau

Si algo bueno tiene Tarantino es que sus impulsos a la hora de realizar una película nunca están ligados a modas temáticas del momento o a las diferentes imposturas de las productoras. Todo está subyugado a su amplio abanico de obsesiones o gustos, que filma con desigual acierto. Si con ‘Malditos Bastardos’ bordó la parodia de un género aportando una visión tan personal como divertida, en el que las piezas del puzle narrativo encajaban a la perfección, con ‘Django desencadenado’ ha homenajeado a ese western que a él tanto le gustaba. Pero su trabajo ha quedado en terreno de nadie, se ha amado demasiado para saber ponerse freno.

El estigma 'tarantiniano' se mezcla con toda la iconografía que ha llegado de una época que recrea satisfactoriamente, desde los créditos iniciales hasta el abuso potente del zoom. La película arranca con fuerza en unas secuencias iniciales muy contundentes y eficaces.  El querer abarcar un tema como el esclavismo tiene un punto original que se diluye cuando se queda en una nada que afecta al propio personaje de Django, que odia a todos menos a sí mismo –bien por Foxx-. Todo lo que sucede es demasiado sencillo y la trama queda anclada en un ritmo bastante tedioso que no profundiza más allá de  la simpleza que aporta cualquier decisión argumental –eso sí, con zoom-.

El artífice de que la película aguante es la soberbia interpretación de Christoph Waltz. Realmente es un actor de un talento desbordante y aporta una comicidad que resulta muy gratificante. Se consigue una empatía muy interesante con el cazarrecompensas que compone bajo esa interesante barba.  El código interpretativo está regido por la sobreactuación y, salvo en el caso de Waltz, no resulta efectivo porque se aparta de una línea argumentativa que pretende en ocasiones ser seria pero que no deja de resultar un tanto absurda, orgiástica –en cuanto a tiros- y lenta. En el caso de DiCaprio el error de casting es notable, no porque no esté correcto, sino por la edad, que lo hace aún más inverosímil. Muy graciosa resulta la permutación física de Samuel L. Jackson. Su interpretación está muy cercana a la de Fernando Fernán–Gómez en la mítica escena de ‘El viaje a ninguna parte´ en la que su personaje intervenía en una película: “…estaba deseando que viniera usted por acá… SEÑORITOOOOO”  y resultaba muy duro ver cómo le humillan por sobreactuar. En el caso de Jackson nadie le echa, pero ahí queda con sus gritos y sus aspavientos. 

Tarantino no ha sabido medir adecuadamente el 'tempo' de su película. Reducir metraje hubiese resultado un acierto y sus homenajes envueltos en historias de amor convencional habrían tenido un mayor calado acompañados por la notable banda sonora que emplea.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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