'EL MUERTO Y SER FELIZ'. Entre el mito, las tetas y el realismo mágico



 CRÍTICA DE CINE

'El muerto y ser feliz' (Javier Rebollo. España, Argentina y Francia 2012. 94 minutos)

‘El muerto y ser feliz’ es la película más brutal que ha dado el cine español en años. Javier Rebollo continúa con la experimentación que ya inició en  ‘La mujer sin piano’ con respecto a los movimientos de cámara y los lleva casi al límite de las posibilidades con una dirección que no deja lugar a dudas y lo sitúa como la figura más relevante y con mayor personalidad fílmica del cine español en la actualidad.

Desde la dedicatoria –se escucha al propio Rebollo-, la película avanza por un territorio poco explorado y aunque esa voz en off que acompaña en la película no es un recurso del todo nuevo –lo empleó de un modo parecido, aunque no tan agresivo, Bergman en ´Passion’, por poner un ejemplo- si es llevado a cabo con maestría y destreza. Esas voces –las de Rebollo, Lola Mayo y ambos protagonistas- que acompañan en su camino a Érika y Santos se hacen imprescindibles. Sus matizaciones, sus ecos, sus nostalgias, sus trampas… son de vital importancia en la asignatura del morir estando vivo que lleva consigo el personaje que interpreta Pepe Sacristán.

‘El muerto y ser feliz’ son tres películas en una y todas convergen en armonía sin llegar a pisarse nunca.  El guion, el rodaje y las mezclas son los escuderos de ese coche transformado en falso hogar sobre el que dos cabalgan juntos sin más camino que el de avanzar, el de no retroceder, el de no recapacitar.

Pepe Sacristán, a modo de un extraño caballero andante, cabalga sobre el asfalto y ofrece –una vez más- una interpretación que resulta tan impresionante como repleta de dolor –el que transmite su personaje-. La precisión y concisión gestual es de una proeza sin igual. Su personaje, tal y como pretende Rebollo, está muy cerca del mito, no ya sólo el de Santos, asesino a sueldo que no mata, sino como el de Pepe Sacristán también. Roxana Blanco también se muestra impecable en el arco creado sobre su Érika, mujer que poco a poco cautiva a un espectador que sigue ansiando saber de ella. La conjunción de ambos en el plano –o fuera de él- es una obra de arte en sí misma.  La relación avanza, al igual que los kilómetros, para no detenerse, porque lo que han comenzado ya no tiene vuelta atrás. La complicidad emocional y erótica de ‘la chica de la película’ y Santos deja tras de sí lo que una vez fueron y que ya no serán. Mucha magia rebosa Valeria Alonso como enfermera suministradora en toda esa encrucijada inicial de la ayuda a la huida de Santos.

Resulta emotivo que la combinación –tan peligrosa- de actores profesionales con lugareños sea medida y acertada, otro mérito de Rebollo en la precisa y excelente dirección de actores que realiza.

Rodar en 16 milímetros aporta a la película esa necesidad visual, ese ritmo acompañado por la textura hipnótica del grano que mima a sus personajes para no dejarlos. La fotografía de Santi Racaj es sobresaliente. Todos los colores son una evolución continua, al igual que el paisaje, las gentes… no hay marcha atrás, todo avanza, y a ser posible, sin dejar nada a su rastro, tan sólo el mito, que a cada kilómetro se hace aún más grande si cabe.

El trabajo de Miguel Ángel Rebollo en la dirección de arte es colosal. La realidad es que ‘El muerto y ser feliz’ conjuga una serie de trabajos que son probablemente lo más destacado del cine de un país que se suele refugiar en historias convencionales. El sonido es impecable y la tarea no era sencilla: todos los detalles se escuchan sin nada que les entorpezca –fabuloso momento de aislamiento el de Érika ensimismada en la parte trasera del coche-.

El dolor de Santos es mostrado desde un interior que se consume sin piedad pero que no por eso se esconde y se detiene. Las escenas con la morfina son precisas y el espectador asiste al momento de alivio de ese caballero al que cada vez le pesa más la armadura. Sin morfina, pero sí con ‘el paco’, sucede una de las secuencias más delicadas y a la vez impactantes de todo el metraje: en una habitación de hotel mientras que Santos toma ‘el paco’ y  sus efectos hacen mella en él y por qué no, en Érika como espectadora que sufre porque siente. Todo en ella es tan formidable que ya por sí misma merecería un estudio.    

El humor también es una constante en la película, juega con elementos propios del surrealismo o del realismo mágico, siempre efectivo y en ocasiones hiriente, pero eso es la vida. ‘El muerto y ser feliz’ podría continuar, al igual que el mito, que se engrandece con el tiempo.

Javier Rebollo y su equipo han realizado una película redonda. Es demasiado triste que la Academia la haya olvidado en sus nominaciones. Realmente da miedo pensar en el cine que busca la Academia, más que miedo, pena. No hay una sola de las categorías que se nominan en la que ‘El muerto y ser feliz’ no destacase con diferencia. Nuevamente es el extranjero quien da cabida a la película. ¿A qué viene que el propio cine español no apoye el buen cine español?

Sin duda alguna, la película de Javier Rebollo será el acontecimiento creativo de mayor envergadura –junto con ‘Amor’ de Haneke- que tendrá lugar a lo largo de 2013 , y sino, al tiempo.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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