CRÍTICA DE CINE
'El gran Gatsby' (Baz Luhrmann. Australia, 2013. 143 minutos)
El realizador Baz Luhrmann dio en el clavo con ‘Romeo + Julieta’ y la combinación de la música con su estética de videoclip casaba con el original de Shakespeare -¿qué autor permite que sus obras encajen tan excelentemente bien en cualquier momento o contexto?- y funcionaba como una aproximación muy original y repleta de ingenio. Con ‘Moulin Rouge’ exacerbó la fórmula de estética de videoclip, pero con una historia más propia de una telenovela que otra cosa. Lo cierto es que impactó y visualmente consiguió que fuese un éxito. Con ‘Australia’ de nuevo apostó por la telenovela rosa pero con tintes épicos y el resultado se resintió. Rescatar ‘El gran Gatsby’ es jugar con un excelente texto, aunque los fuegos de artificio empleados han explotado en la cara a un Luhrmann que no ha sabido tomar el pulso a Fitzgerald, del que no se ha realizado una adaptación ni medio decente de lo que han sido sus textos –algo similar a lo que ocurre con Philip Roth-.
El director australiano no se preocupa en absoluto por lo que tiene entre manos y sigue confiando en esa fórmula de canciones fuera de contexto que encajan en una sucesión de imágenes espectaculares e impostadas. Pero no, su Gatsby naufraga desde los primeros instantes. No queda nada de esa radiografía de la alta sociedad de aquellos años 20, en realidad no queda nada de nada. Es posible que Luhrmann sea muy bueno realizando videoclips, pero en lo relativo a hacer películas su perpetua obsesión por la sucesión desenfrenada de fotogramas vacíos consiguen lastrarlas hasta ser nada. Quizá en el campo del videoarte tenga mucho sentido todo lo que propone, pero en una novela tan bien estructurada sus propuestas quedan desencajadas en la artificiosidad de un 3D que parece haber creado para contentarse él.
La adaptación es un juego desinteresado con el texto de Fitzgerald. No se han molestado en atender a lo que dejaba bien claro el autor y han preferido regodearse en esa opulencia de dinero, envidias y amantes. Intentan dar puntadas pero en los telares equivocados. Tirar por la borda una escena de tanta tensión como la que se protagoniza en la habitación del hotel en donde ese caos en el que convergen envidias, celos, amor, odio, engaño, ira y alcohol la transforma el director australiano en un despropósito cargado de caricaturas. No hay momento alguno en el que la obsesión de Luhrmann no se vea contaminada por dejar constancia del alardeo de presupuesto mediante la espectacularidad.
Cuando decide dejar de jugar a ser creador de videoarte, la película toma su pulso. El texto de Fitzgerald es potente en cuanto se le mima un poco. Las palabras y las descripciones ofrecen la solución al instante. Por desgracia, esto sólo dura pequeños instantes y el film regresa al tedio ya conocido.

Bajo el subtítulo de ‘El gran casting’, Leonardo Di Caprio batalla por intentar que su Gatsby salga airoso, pero la dirección no le ofrece la mesura necesaria en ciertos momentos y su esfuerzo no es suficiente para levantar el resultado. Tobey Maguire continua explorando el campo de muecas que debió aprender en ‘Spiderman 3’ y aunque tiene buenos momentos, su personaje queda un tanto desdibujado. En ocasiones, ofrecer un papel no apropiado a un actor le condena más que le ayuda, como ha ocurrido con la excelente Carey Mulligan, que se ve nadando sola en alta mar sin encajar en una Daisy que no refleja ni explora ese torbellino de emociones y sentimientos que le acompañan.Los demás personajes juegan mucho con los estereotipos dentro de la estética. La exageración desmesurada de sus actos encaja en ese desborde de efectos especiales que justifica presupuestos.
Las palabras de Shakespeare pueden tolerar casi cualquier cosa, las de Fitzgerald, no. Baz Luhrmann sólo tiene una fórmula para todos sus proyectos y parece que se ha agotado –aunque con el bombo de publicidad con el que han desbordado, la taquilla, aunque insatisfecha, dirá que no-. Es posible que si es capaz de aguantar él mismo un nuevo visionado de su película, tome conciencia de que hay que escribir un guion con detenimiento y no crear las imágenes primero para adaptarlas a cualquier escrito.
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ







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