CRÍTICA DE SERIE'Last Resort' (Shawn Ryan y Karl Gajdusek. Estados Unidos, 2012. ABC, 1 temporada)
Tenía tantas esperanzas Shawn Ryan en 'Last Resort' que la noticia de la cancelación tras una temporada, anticipada por las bajas audiencias, le dejó hecho polvo. No levanta cabeza el creador de 'The Shield' (2002-2008), cúspide del serial policíaco. 'Terriers' (2010) gustó, aunque solo aguantó una tanda de capítulos. Con 'The Chicago Code' (2011) quiso volver a terreno ya pisado, el policial puro y duro. La serie decepcionó, apenas alzada por dos magníficas interpretaciones y desdibujada en todas las tramas secundarias. A Ryan había que pedirle más. Lo ha intentado de inicio a fin, junto a Karl Gajdusek, con 'Last Resort'. Creó una historia límite y la exprimió lo máximo pudo. En esta serie hay amenazas nucleares, militares poseídos por el embrujo del poder (la sombra del general Kurtz es visible), intentos de golpe de estado en Washington y hasta un presidente de Estados Unidos peor que el más pérfido de sus enemigos. Material potente que explosionaba por sorpresa en el vibrante piloto y que iría perdiendo dinamita en ruta hasta el desenlace.
El estilo de Ryan es inconfundible. Va directo a la yugular. Sus personajes muerden, raramente amagan. Las escenas se suceden con rapidez. Ryan toca teclas graves y sabe hacerlas sonar sin estridencias. Las hace creíbles dentro del pacto de ficción propuesto. Evidentemente marchar por el alambre tiene sus contraprestaciones. A veces las acciones van muy por delante de las motivaciones internas de los personajes, poco dibujadas. Hay pasajes importantes que aparecen resueltos sin que la cámara lo capte. Hay otro rasgo que lastra a 'Last Resort', aunque no achacable ya a la marca Ryan. Es la poca pegada del reparto, con errores de casting que machacan subtramas, con el ejemplo más clamoroso de los más destacados habitantes de la isla.
A 'Last Resort' la impulsa un poderoso argumento: el armamento nuclear. La ecuación en las relaciones internacionales es contundente: manda el propietario de estas armas. Y en el submarino nuclear USS Colorado hay unas cuantas. Las novelas de Tom Clancy son un auténtico referente creativo para 'Last Resort'. Los lectores del escritor norteamericano observarán muchas similitudes, más allá del nombre, entre el capitán soviético Marko Raimius del Octubre Rojo y el estadounidense Marcus Chaplin, del USS Colorado. El juego de relaciones y alianzas entre países, sorprendente y cambiante casi a cada capítulo, es otra de las bazas que juega el guión de 'Last Resort'. Aunque de fondo se siga viendo ondear la bandera norteamericana, en ocasiones esta visión aparece demasiado borrosa. La frontera entre el bien y mal queda poco nítida porque la verdadera batalla, dicen los guionistas, no se libra en los mapas y los rádares, sino en la mente del capitán del USS Colorado. Es, sin duda, el personaje de Marcus Chaplin, el corazón de este producto. André Braugher está ante el papel de su vida, lo sabe y lo aprovecha. Duro cuando se le exige, sensible en sus momentos más bajos, contradictorio a pesar de sus profundas convicciones éticas basadas en un férreo espíritu militar.
Es en el interior del submarino nuclear donde se viven los mejores momentos de 'Last Resort'. Los tres primeros capítulos, magníficos, lo toman como escenario principal. Una vez la isla en la que se ve recluido el submarino recoge el testigo la historia empieza a encoger. No mezcla demasiado bien tampoco la trama de Washington, que solo toma interés en la parte final, una vez se quitan las máscaras todos los personajes. Es lo bueno de Ryan, como ya demostrara en 'The Shield' y anunciara (sin tiempo a demostrarlo) en 'The Chicago Code'. Cuando amenaza pega. Por lo que cuando no lo hace, como pasa en un par de ocasiones en 'Last Resort' (el secuestro de la esposa de Sam Kendall y todo lo que sucede con el almirante Shepard), decepciona doblemente. Se le puede acusar de mover las fichas saltándose algún turno, uno de los motivos por los que el nudo central de 'Last Resort' no está a la altura de su estallido inicial.
A pesar de todo, las virtudes ganan a los defectos de 'Last Resort'. La nueva aventura de Ryan mereció mejor suerte. Quedará en un lugar de privilegio dentro del baúl de las series defenestradas a las primeras de cambio, como un producto valiente en sus planteamientos y que ofreció, además de acción a raudales y un personaje llamado a perdurar, interesantes dilemas éticos. Y, especialmente, que supo lanzar atrevidas preguntas desde su presunta inanidad, revelando la fragilidad a la que está expuesta la sociedad ante la amenaza de las armas nucleares. Da miedo pensar que dos llaves es lo único que se interpone entre la tranquilidad y una catástrofe de esta naturaleza.
RAFAEL GONZÁLEZ






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