'EL GRAN TEATRO DEL MUNDO. Quizá Calderón pesó demasiado


CRÍTICA DE TEATRO

'El gran teatro del mundo'
Autor: Calderón de la Barca
Versión libre y dirección: Carlos Saura
Escenario: Naves del Español (Madrid). Hasta el 5 de mayo.

El polifacético Carlos Saura debuta como adaptador y director teatral de la mano de Calderón. El director aragonés ha empleado las mismas herramientas que ya utilizó en ‘Carmen’, ‘Tango’ y ‘Salomé’ pero con un resultado mucho más discreto. El fabular acerca de lo que pudo haber sido un ensayo de la propia obra de Calderón siempre puede resultar interesante, de hecho no es necesario que el propio Saura nos avise tanto –en el programa y el prólogo- de que se ha tomado ciertas licencias con el texto. Como idea sobre la mesa resultan plausibles todas las intenciones  que posee el montaje, pero a medida que avanza la obra, esos propósitos quedan un tanto desubicados y llegan a jugar en una extraña formalidad que les condena al punto muerto.

Se puede decir que Saura ha sido un pasajero timorato en su aventura teatral y en vez de trabajar con sus herramientas y llevarlas a extremos en los que realmente se sintiese cómodo, se ha quedado a medias entre lo que podría haber sido un aspecto muy interesante del mundo del teatro y sus confabulaciones con el propio Calderón a la cabeza y la representación del propio auto sacramental al que en sí mismo no se le saca partido alguno –o muy poco-.

De la mano de Pirandello todo comienza de un modo adecuado, el reparto, las proyecciones, las correcciones, las potentes transparencias… en esto Saura ha sido fiel a sus diversas argumentaciones y no ha dudado en reiterarse con aplomo. La iluminación también es correcta y la música permitía que la aventura crepuscular de poner una obra en funcionamiento avanzase con paso firme. Lástima que no haya mantenido el pulso y a partir de ese momento sólo algunos detalles interpretativos de la mano de García Pérez –Calderón-,  Antonio Gil –el labrador- e instantes corales, son los que aguantan el pulso. Un exceso en el empleo de la declamación consigue que no se tome el pulso a un montaje que se queda en el calificativo de lo que podría haber sido y que no es. Cuando parece querer tomarse en serio se vuelve un tanto ambicioso y no consigue combinar adecuadamente con los instantes iniciales.
 
Se agradece que Saura no tenga miedo a nuevas correrías artísticas y continúe indagando en la creación, quizá sólo se pide que lo haga sin el terror a equivocarse y que no contenga lo que pudo haber sido.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'OBLIVION'. Refrito insulso



CRÍTICA DE CINE

'Oblivion' (Joseph Kosinski. Estados Unidos, 2012. 126 minutos)
 
¿Cuál es el fin de realizar una película así? La taquilla. Los productores que financian un proyecto de tales características tienen muy poco respeto por el espectador. Buscar idiotizar a las masas con ridículas historias postapocalípticas de tal envergadura es un arma arrojadiza contra cualquier cosa. Nadie parece tomarse en serio estas historias que pueden ser asfixiantes. De momento son pocos -sin contar a Tarkovski- los que se atreven a mostrar elementos interesantes de lo que podría llegar a ocurrir. Se trata de aunar despropósitos de películas anteriores –y de cuyos nombres no conviene acordarse- y darles cabida en proyectos ya marchitos desde el guion.

En el caso de ‘Oblivion’ sus referencias son tan claras y brillantes como de absurda aplicación a que la película tuviese algún empaque. ‘Solaris’, ‘Moon’, ‘2001…’ o ‘La isla’  son solo una pequeña muestra de lo que han querido reflejar en esta historia, pero claro, el tiro les ha salido en dirección contraria para estallarles en un producto tan aburrido e incoherente como irritante. No hay un solo elemento consistente en la trama. Los supuestos giros, tan previsibles como carentes de  argumentación, van transformando la película en un subproducto de peor calidad que la que venía anunciando. Hay que asumir que el filme está realizado para mostrar explosiones, naves, casas en las alturas, armas, y no para plantear nada más.

Es ya demasiado sospechoso que Tom Cruise siga interpretando personajes que creen estar en la treintena y que el maquillaje les condene a simular que son muñecos de cera que van con armas y que recuerdan su pasado –eso sí, en blanco y negro-. El nivel de sentimentalidad en la película es algo tan ridículo como inoperante.

Dos horas es un metraje tan difícil de aguantar como soportar a Cruise y a sus múltiples clones como salvadores de ese mundo que ya fue conquistado –otra vez-.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'CASTILLA DRIVE'. Anthony Pastor




CRÍTICA LITERARIA

'Castilla Drive'
Autor: Anthony Pastor
Editorial: La Cúpula
Páginas: 164



REMINISCENCIAS A CHANDLER

´Castilla Drive´ tiene cierto gancho debido a un gran planteamiento derrotista en el género de historia detectivesca. El hecho de que la figura central sea una mujer detective le dota de cierta originalidad. El autor recurre a los tópicos envueltos en una falda. No faltan el alcohol, la falta de dinero, el descuido familiar, la desidia, las extrañas compañías, la ausencia de sonrisas, los disparos y los reversos turbios que agolpan las viñetas.

Sally Salinger es un personaje que aunque no tiene la fuerza –¿quién la tiene?-  de Marlowe, sí bordea con ciertos toques diferentes aspectos que Pastor se encarga de no disimular. En realidad ella es la mujer de un detective que desaparece y todo se transforma en oscuros que parecen encaminados a la tragedia. Tienen cabida policías aparentemente corruptos, personajes misteriosos, ratos de espera, tiros al vacío, engaños…  La propia trama y muchas de sus idas y venidas  poseen ciertas analogías con ‘Un largo adiós’ pero el problema es que el autor no ha sabido dar un fin consistente a una historia que  se diluye hasta transformarse en una especie de cuento de hadas donde esos personajes aparentemente  insensibles y con gran dolor a sus espaldas se metamorfosean en personas capaces de amar. Nada importa, la investigación es una especie de contrasentido que acaba dañando a la historia.

Trabajar en el final hubiese requerido un esfuerzo notable en Anthony Pastor, que ha preferido el falso cuento de hadas en el que la esperanza es una realidad. Por otro lado se puede interpretar como una salida más a la cobardía del ser humano por estar solo. Todo el argumento se encaminaba hacia un desenlace sin final –no todo ha de acabar siempre-, los vuelcos y las coincidencias consiguen que los buenos dibujos y los respetables homenajes del autor queden en segundo plano.

‘Castilla Drive’ posee grandes dotes narrativas e ilustrativas, -ha ganado el Premio Polar en Angouleme- y  habrá que estar pendientes de un autor que, si toma conciencia de ciertas realidades del género, puede ser una voz a tener muy en cuenta. El tiempo traerá la sorpresa o la tremenda decepción.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'LA CASA MUDA'. Terror 'Polaroid'


CRÍTICA DE CINE

'La casa muda' (Gustavo Hernández. Uruguay, 2010. 77 minutos)
La singularidad es de inicio la mejor baza de 'La casa muda'. Es una producción uruguaya, industria de la que gotean las noticias, parte de una suceso real anclado a mitad del siglo XX y discurre, en principio, en un único plano secuencia, una potente apuesta del director Gustavo Hernández, debutante tras una larga trayectoria en televisión. Después del visionado esos condicionantes ya no parecen tan distintivos. Tras una primera media hora arrebatadora, que ratifica que para provocar terror no hacen falta demasiadas mimbres, manos y cámaras, 'La casa muda' se va estrechando en su intento de justificar situaciones y actitudes. Es una película en la que la forma le coge la delantera pronto al fondo, constituido por retales de una antigua tragedia real, la imaginería asociada a las casas encantadas y esa nueva ola de cine a oscuras, distorsionado, agitado y en primera persona que creció y maduró tras 'El proyecto de la bruja de Blair'.

La fotografía se alza como el mejor aval de 'La casa muda'. La dirección aprovecha al máximo la luz, la manipula, distorsiona y la funde con una cámara que es otra protagonista más. La iluminación crea terror, aunque a veces incurra en recursos que ya no son novedad (la Polaroid como linterna). La idea del plano secuencia aporta además una total identificación con el personaje principal, la joven Florencia Colluci, creíble a lo largo de todo el metraje y con buen pulso para soportar el peso de la historia y la sombra perpetua de la cámara.
Pese a flaquear en el desenlace (no ata cabos sueltos trascendentes para dotar de lógica al conjunto), 'La casa muda' se erige como una magnífica muestra de que para aterrorizar puede ser suficiente una idea simple si se le rodea, como es el caso, de una interpretación sólida, una cámara expresiva y una atmósfera asfixiante. En todo caso, además, cuenta con otro aval. Apunta y dispara, no pierde el tiempo y exprime al límite sus exiguos setenta minutos, cine Polaroid.

RAFAEL GONZÁLEZ

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'LAST RESORT'. La Guerra Fría, ahora


CRÍTICA DE SERIE

'Last Resort' (Shawn Ryan y Karl Gajdusek. Estados Unidos, 2012. ABC, 1 temporada)

Tenía tantas esperanzas Shawn Ryan en 'Last Resort' que la noticia de la cancelación tras una temporada, anticipada por las bajas audiencias, le dejó hecho polvo. No levanta cabeza el creador de 'The Shield' (2002-2008), cúspide del serial policíaco. 'Terriers' (2010) gustó, aunque solo aguantó una tanda de capítulos. Con 'The Chicago Code' (2011) quiso volver a terreno ya pisado, el policial puro y duro. La serie decepcionó, apenas alzada por dos magníficas interpretaciones y desdibujada en todas las tramas secundarias. A Ryan había que pedirle más. Lo ha intentado de inicio a fin, junto a Karl Gajdusek, con 'Last Resort'. Creó una historia límite y la exprimió lo máximo pudo. En esta serie hay amenazas nucleares, militares poseídos por el embrujo del poder (la sombra del general Kurtz es visible), intentos de golpe de estado en Washington y hasta un presidente de Estados Unidos peor que el más pérfido de sus enemigos. Material potente que explosionaba por sorpresa en el vibrante piloto y que iría perdiendo dinamita en ruta hasta el desenlace.
 
El estilo de Ryan es inconfundible. Va directo a la yugular. Sus personajes muerden, raramente amagan. Las escenas se suceden con rapidez. Ryan toca teclas graves y sabe hacerlas sonar sin estridencias. Las hace creíbles dentro del pacto de ficción propuesto. Evidentemente marchar por el alambre tiene sus contraprestaciones. A veces las acciones van muy por delante de las motivaciones internas de los personajes, poco dibujadas. Hay pasajes importantes que aparecen resueltos sin que la cámara lo capte. Hay otro rasgo que lastra a 'Last Resort', aunque no achacable ya a la marca Ryan. Es la poca pegada del reparto, con errores de casting que machacan subtramas, con el ejemplo más clamoroso de los más destacados habitantes de la isla.
 
A 'Last Resort' la impulsa un poderoso argumento: el armamento nuclear. La ecuación en las relaciones internacionales es contundente: manda el propietario de estas armas. Y en el submarino nuclear USS Colorado hay unas cuantas. Las novelas de Tom Clancy son un auténtico referente creativo para 'Last Resort'. Los lectores del escritor norteamericano observarán muchas similitudes, más allá del nombre, entre el capitán soviético Marko Raimius del Octubre Rojo y el estadounidense Marcus Chaplin, del USS Colorado. El juego de relaciones y alianzas entre países, sorprendente y cambiante casi a cada capítulo, es otra de las bazas que juega el guión de 'Last Resort'. Aunque de fondo se siga viendo ondear la bandera norteamericana, en ocasiones esta visión aparece demasiado borrosa. La frontera entre el bien y mal queda poco nítida porque la verdadera batalla, dicen los guionistas, no se libra en los mapas y los rádares, sino en la mente del capitán del USS Colorado. Es, sin duda, el personaje de Marcus Chaplin, el corazón de este producto. André Braugher está ante el papel de su vida, lo sabe y lo aprovecha. Duro cuando se le exige, sensible en sus momentos más bajos, contradictorio a pesar de sus profundas convicciones éticas basadas en un férreo espíritu militar.
 
Es en el interior del submarino nuclear donde se viven los mejores momentos de 'Last Resort'. Los tres primeros capítulos, magníficos, lo toman como escenario principal. Una vez la isla en la que se ve recluido el submarino recoge el testigo la historia empieza a encoger. No mezcla demasiado bien tampoco la trama de Washington, que solo toma interés en la parte final, una vez se quitan las máscaras todos los personajes. Es lo bueno de Ryan, como ya demostrara en 'The Shield' y anunciara (sin tiempo a demostrarlo) en 'The Chicago Code'. Cuando amenaza pega.  Por lo que cuando no lo hace, como pasa en un par de ocasiones en 'Last Resort' (el secuestro de la esposa de Sam Kendall y todo lo que sucede con el almirante Shepard), decepciona doblemente. Se le puede acusar de mover las fichas saltándose algún turno, uno de los motivos por los que el nudo central de 'Last Resort' no está a la altura de su estallido inicial.
 
A pesar de todo, las virtudes ganan a los defectos de 'Last Resort'. La nueva aventura de Ryan mereció mejor suerte. Quedará en un lugar de privilegio dentro del baúl de las series defenestradas a las primeras de cambio, como un producto valiente en sus planteamientos y que ofreció, además de acción a raudales y un personaje llamado a perdurar, interesantes dilemas éticos. Y, especialmente, que supo lanzar atrevidas preguntas desde su presunta inanidad, revelando la fragilidad a la que está expuesta la sociedad ante la amenaza de las armas nucleares. Da miedo pensar que dos llaves es lo único que se interpone entre la tranquilidad y una catástrofe de esta naturaleza.
 
RAFAEL GONZÁLEZ

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'SOLO SI TE MUEVES'. Aloma Rodríguez


CRÍTICA LITERARIA

'Solo si te mueves'
Autor: Aloma Rodríguez
Editorial: Xordica (2013)
Páginas: 176


EL ERASMUS EN TERUEL
 
'Solo si te mueves' presenta al lector una nueva voz, la de Aloma Rodriguez. Aunque cuente como su tercer libro, es ahora cuando salta al lugar del privilegio de los estantes gracias al reconocimiento de Nuevo Talento Fnac. Lleva la zaragozana la escritura en las venas. Su hermano Daniel Gascón, además de traductor, recibió el mismo honor que Aloma, y su padre, Antón Castro, acumula reconocimientos culturales. El dato va ligado a su escritura, incluso a su estilo, en el que se hace reconocible otra de sus influencias, la del recientemente fallecido, Félix Romeo, padrino de tantos escritores zaragozanos.
 
Como pasa con los relatos de su hermano Daniel, Aloma escribe sobre vivencias propias y les añade gotitas de ficción. Vendrían a ser las suyas novelas de la experiencia, sencillas, ligeras, con personajes con los que es fácil identificarse, la mayoría agradables. 'Solo si te mueves' es una novela de aprendizaje, del paso previo que hay a la madurez. Todavía no la toca, le queda tiempo a la mayoría de veinteañeros incipientes que trabajan durante el estío en un parque de atracciones temático, Dinópolis. Entre esta galería de jóvenes se cuela algún adulto, pero sin peso específico en un trama sin demasiadas ramificaciones. Orbita todo alrededor de la protagonista, alter ego de la escritora, sus primeros escarceos amorosos, el examen de conducir, la temporalidad del trabajo de verano y los novedosos tres meses fuera del calor del hogar, un punto de inicio o el final de un trayecto, según se mire.
 
Podría etiquetarse a 'Solo si te mueves' como novela Erasmus. Bebe de la jovial intrascendencia que desprenden estos estudiantes, con la importante singularidad del escenario en el que discurre. Rodríguez sabe dar vida a Teruel, guiar la trama, a veces demasiado estática aunque equilibrada en su pacto con la realidad, a través de una ciudad tantas veces olvidada y que aquí es un personaje más. Es un acierto de la autora el incorporar sus escenarios con naturalidad, sin forzarlo. Así es también su escritura, fluida y directa. Todo sin demasiadas pretensiones, como la vida de estos jóvenes, aislados en ese parque de atracciones de toda coyuntura social y política. El destino del próximo beso, el lugar de la próxima fiesta y el mensaje del novio que se hace de rogar es lo que les preocupa y nada más. Eso hace de 'Solo si te mueves' una novela preocupada en exclusiva por las emociones del momento de sus personajes, al igual que el Erasmus que viaja y pasa todo un año en otra cultura de la que se marcha sabiendo poco más que mascullar las palabras necesarias para pedir una cerveza. Aquí y ahora, sin noticias de unos metros más allá del uno mismo, el egoísmo vital que parece que supone, no para todos, el tener veinte años.

RAFAEL GONZÁLEZ

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'EL SUEÑO DE LUNA'. Una preciosa canción


CRÍTICA DE TEATRO

'El sueño de Luna'
Compañía: Okina Teatro
Montaje y dirección: Beatriz Llorente y Victoria Peinado Vergara
Escenario: La Puerta Estrecha (Madrid)
 
Lo primero que hay que hacer ante el anuncio de un espectáculo teatral como 'El sueño de Luna' es reconocer la valentía de la propuesta. Dirigirse a un público tan específico y especial como son los niños de 0 a 3 años entraña un riesgo importante. Es enfrentarse a un público impredecible, que no sabe de guardar silencio o tener paciencia ante lo que no les gusta, que está descubriendo el mundo y que por lo tanto es muy difícil que fije su atención en un solo punto durante mucho tiempo, hay tanto que descubrir…
 
Lo segundo que hay que hacer ante la propuesta de Vicky Peinado y Beatriz Llorente es quitarse el sombrero. No solo porque ofrecen un espectáculo lleno de bellas imágenes y divertido. Hay que quitarse el sombrero por algo más importante. Y es que durante los cuarenta minutos que dura la obra logran que se oiga un silencio en la sala, que los niños estén atentos a lo que ocurre en el escenario, incluso los bebés y hasta los padres.
 
Apuestan, además, por no engañar, por no intentar engatusar al crío con estímulos potentes, con fuegos de artificio, con el truco fácil. Eso funciona por poco tiempo. Su apuesta es por un espectáculo sereno, no apelan al niño, sino que le proponen que acompañe el sueño. Le ofrecen magia y no trucos.
 
'El sueño de Luna' es una obra que da a su público serenidad, imágenes poéticas a través de la sencillez (increíble la escena en la que se mecen en las olas del mar con un simple plástico o aquella en la que proponen el brillo de las estrellas con bolas de luz).
 
Ante un mundo lleno de estímulos que se superponen atropelladamente unos sobre otros, casi sin solución de continuidad, aquí lo importante es la pausa, la calma, la presencia cálida y sencilla de actrices. Frente a los nuevos métodos de entretenimiento basados en la complejidad tecnológica, 'El sueño de Luna' se decanta por el uso original de materiales comunes; cajas de cartón, 'pomperos' o telas que se convierten en flores, estrellas o la luna.
 
Y, sin embargo, la mejor crítica que se puede hacer de este montaje es la atención de los niños, que una vez ha llegado el final continúan sentados, fascinados ante una canción de cuna que les invita a estar despiertos.

BENJAMÍN JIMÉNEZ

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'EFECTOS SECUNDARIOS'. El talento de Mr. Soderbergh


CRÍTICA DE CINE

'Efectos secundarios' (Steven Soderbergh. Estados Unidos, 2013. 109 minutos)

Resulta desbordante la capacidad y el talento que ofrece Steven Soderbergh para ir permutando de géneros y dejar constancia de su habilidad en todos aquellos que aborda. Con ‘Efectos secundarios’ genera un producto excelente que atrapará al espectador desde la secuencia inicial. Es de agradecer que una película juegue en varios géneros a la vez y que esto no ofrezca confusión alguna en su desarrollo. Todos los giros que ofrece esta pieza creada por el guionista Scott Z. Burns dan cabida a varias películas dentro de una. La progresión de la trama acompañada de inesperados y efectivos giros configuran un ejercicio de estilo depurado y estimulante.

La historia y sus contrastes se sitúan en diversos mundos. Todo comienza como una supuesta trama de amor para ir avanzando hacia el desequilibrio psíquico y sus consecuencias, el tratamiento psiquiátrico, los medicamentos, sus evidentes efectos secundarios, las trampas, las traiciones, el sexo, el dolor, el desprestigio, los anhelos, la investigación, las re-trampas, las re-traiciones… un thriller que radiografía con valentía cierta realidad médica. Todo se muestra con cautela y cada viraje está expuesto de un modo armónico en su conjunto. Nada incita al equívoco, ni siquiera sus trampas, que son controladas y nada descarnadas.

Soderbergh se maneja a la perfección en estas historias corales y pese a tener diversas digresiones argumentales, cada personaje es sólido y firme en sus intenciones. No hay fisuras en sus construcciones y nada queda al azar. Cada acción tiene su justificación y cuando el juego de embustes entra en liza no es reprochable ninguna de sus idas y venidas. Llama la atención un punto común y ligero que rodea a todas las acciones argumentales: la fragilidad del matrimonio. El tema médico y su relación con los visitadores y los experimentos con medicamentos están muy bien planteados. No entrega datos sin sentido, lo que ofrece tiene un motivo y queda la pregunta planteada en cuánto a qué nuevos medicamentos son los mejores: evidentemente es el dinero el que marcará la pauta.

De nuevo el reparto es un acierto más que notable. Decantarse por una protagonista como la atrayente Rooney Mara es una decisión muy inteligente. Su belleza y aparente fragilidad le permiten ofrecer una amplia muestra de lo que es su talento. La precisión gestual es otro aspecto más a sumar a una interpretación plagada de matices. Jude Law, cada vez más apartado de su rol de don Juan, también ofrece esa entrega a lo que es una lucha por recomponer lo que una vez tuvo con un personaje que maneja con equilibrio. La extraña pareja que conforman  como doctor y paciente funciona a las mil maravillas y el hecho de que no exista tensión sexual entre ambos lo hace aún mejor. Zeta-Jones se muestra radiante en todos sus cambios. Aunque su papel es aparentemente menor, posee una suspicacia que ayuda mucho a que el ritmo nunca decaiga. Todos los personajes –aunque tengan pocas frases- están correctamente estructurados, no hay eslabones sueltos  y el guion en consonancia con la dirección juega a establecer afectos u odios con cada uno de ellos.

La fotografía creada por el propio Soderbergh bajo su seudónimo de  Peter Andrews es otra muestra de talento. Genera una serie de contras muy marcados por cierta saturación de blancos que acompañan a la historia y a los diferentes colores asfixiantes que rodean las vidas de los protagonistas. Las texturas que se generan con cada personaje son perfectamente acompañadas por una banda sonora de Thomas Newman que ofrece su mejor versión –o una de ellas- como músico potencial. Si a esto le sumamos el montaje de   Mary Ann Bernard,  que aporta un ritmo trepidante pero no frenético, tendremos la gran película que es ‘Efectos secundarios’. Ojalá que Soderbergh no lo deje nunca y no lleve a cabo su afirmación de que en breve colgará los guantes.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'AHORA EMPIEZAN LAS VACACIONES'. Lastrados, pero con momentos


CRÍTICA DE TEATRO

'Ahora empiezan las vacaciones'
Autor: Paco Bezerra
Dirección: Luis Luque
Escenario: La Casa de la Portera (Madrid)

La apuesta realizada por La Casa de la Portera de mostrar un teatro diferente y de calidad es ya en sí misma una acción digna de elogio. Es de considerar que lo están haciendo. Desnudar los montajes y enfrentarlos cara a cara con el espectador es una delicia. Las vergüenzas quedan al descubierto y con ellas lo grande que puede ser el teatro. Es de esperar que la buena acogida por parte del público continúe sin pausa.

En lo referente a la adaptación sobre ‘El pelícano’ que ha dirigido Luis Luque el resultado es poco satisfactorio por varios factores. La obra de August Strindberg desgarra hasta puntos bastante poco descriptibles, pero la adaptación que ha realizado Paco Bezerra, Premio Nacional de Literatura Dramática en 2009, no ha sabido tomar pulso al texto. Todo queda esbozado de un modo superficial.

Las aportaciones de Bezerra sitúan la obra en un momento atemporal –que no es mala idea, porque el texto ya ofrece eso- pero esto no consigue cuajar en la gran mayoría de momentos que quedan desdibujados por ideas textuales que no imprimen ritmo a todo ese tratado de humillaciones, rencores, pasiones y odios que tenía el texto de Strindberg.

La dirección de Luis Luque es funcional y confía en el texto. Los personajes se mueven con cautela y nunca abusan de las idas y venidas, pero no se respira esa opresión virulenta que debe desprender cada acción. El espacio es el mejor para representar un texto así, pero la apuesta no acaba de despegar.

Mariana Cordero ofrece una madre tan brutal como hiriente, pero la adaptación la condena a que sus armas se vengan abajo demasiado rápido y quede al descubierto su vulnerabilidad. Su hija, interpretada por Helena Casatañeda, le aguanta el tipo. Los personajes masculinos quedan algo más en evidencia, de nuevo por la adaptación fundamentalmente. El hijo y su cambio de edad lastran el arrojo que realmente tiene el personaje y que Juan Codina defiende con tino, aunque nada contra marea. Lo mismo ocurre con el marido de la hija, Raúl Tejón, que con ciertas salidas de tono queda desdibujado en territorio vacío.

Los momentos de tensión no se han explotado suficientemente bien, el ser humano no queda al desnudo, las reacciones quedan en medio de ninguna parte y contra eso ya es un logro sacar momentos interesantes que son siempre capitaneados por una gran Mariana Cordero.

Teatro en estado puro, que una vez más viene a constatar que las ideas de Brook están muy por encima de cierta tecnología que aleja el teatro de las personas.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'LOS ÚLTIMOS DÍAS'. Típica e indiferente



CRÍTICA DE CINE

'Los últimos días'. (Álex y David Pastor. España, 2013. 100 minutos)

La exitosa carrera de los hermanos Pastor en el mundo del cortometraje les ha llevado a dirigir una película con tan poco tino como prototípica. El mundo apocalíptico siempre tiene buena acogida en el universo de las productoras porque suelen ser un buen reclamo para llenar salas. El claro problema, que es ya angustioso, es la falta de ideas que existen para realizar algo que merezca la pena y que no se haya visto ya en tantas ocasiones. 
 
Los hermanos Pastor no han sido una excepción y han combinado todos y cada uno de los tópicos para conformar ‘Los últimos días’. No hay nada en los cien minutos de metraje que no suene impostado. Es una pena, porque podían haber aportado algo que realmente mereciese la pena, pero no. Hay ciertos ecos a ‘El incidente’ de Shyamalan pero en la película española son aún más descabellados los encabalgamientos del guion.
 
El uso abusivo de reiterados 'flashbacks' no es más que un recurso para intentar dar un sentido a una historia que tiene tantos flecos sueltos como una dirección que aporta muy poco a cada revés al que se van enfrentando los protagonistas. Lástima que se haya recurrido a conversaciones tan tópicas y a tantos lugares comunes para que todo se vea abocado a una previsibilidad tan innecesaria como carente de argumentación. 
 
Jugar con el mundo del trabajo y enfrentar o más bien aunar a un devorador de empresas o limpiador de personal con un chaval –que ya no lo es tanto- que tiene miedo laboral y a su propia vida no ofrece ningún aliciente. Tanto José Coronado como Quim Gutiérrez no logran que sus personajes sobrevivan a los tópicos envueltos en coincidencias superficiales. De los secundarios es mejor no mencionar nada porque el guion les acota cualquier tipo de desarrollo.
 
Tampoco el aspecto técnico merece mucha consideración. Los efectos quedan tan lastrados que el olor a croma llega a ser tan patente como hiriente. No hay verosimilitud en las imágenes. No quieren jugar con la incógnita, pretender dar todo tan mascado al espectador que dejan sus imperfecciones al descubierto de un modo que alejan al espectador de cualquier acercamiento posible.
 
Esa pretensión de vuelta a una especie de mundo prehistórico sin luz ni agua es muy absurda. La parte final de la película con una fotografía que parece recrear imágenes de un Cristo redentor en la figura de Quim Gutierrez en busca de su amada, que milagrosamente subsiste contra pronóstico, es otro punto a restar.  Es una pena que los hermanos Pastor no cogiesen como referencia a Haneke con ‘El tiempo del lobo’, ese apocalipsis sí producía terror.
 
Al menos a los directores, si les respalda la taquilla, podrán hacer otra película, eso sí, que trabajen el guion.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ 

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'UNITED'. Cuando el fútbol tenía valores


CRÍTICA DE CINE

'United' (James Strong. Reino Unido, 2011. 90 minutos)

El respeto que se profesa al fútbol en Inglaterra se puede equiparar al tratamiento de los -escasos- productos cinematográficos que salen de la industria de ese país con el balón como eje. Si todo futbolero que se precie debe guardar con cariño 'The Damned United' (Tom Hooper, 2009), una película que huele a césped y a taquilla de vestuario, ahora hay que hacerle hueco, quizá en un estante inferior, a 'United'. Mantiene el tipo la producción de la BBC pese estar enfocada comercialmente como producto televisivo. Hay seriedad, rigor, formalidad estética y un agudo y controlado sentido de la épica en este largometraje que toma, al igual que 'The Damned United', otro hecho histórico, ahora de trascendencia mundial. El accidente de avión de 1958 en el que falleció parte de la plantilla del Manchester United conmocionó al mundo. El aeropuerto de Munich fue el escenario que puso el punto y final a una generación, los 'Busby Babes', llamada a marcar una época. 'United' recrea la tragedia orientándola hacia la épica al remarcar valores positivos como la lealtad, el compañerismo y el verdadero sentido de pertenencia a un grupo.
 
Fuera de esa órbita y lejos de la enorme tragedia que supuso para el fútbol británico este suceso, 'United' se revela inesperadamente como una película de detalles, de notas a pie de página. En primer lugar descubre al aficionado la labor de reconstrucción que casi desde cero tuvo que conducir Jimmy Murphy, entrenador del equipo. La interpretación que David Tennant hace de este personaje honra este monumental trabajo. Es intensa, rebosa verdad y emociona. Es a cara descubierta. Aunque sean los ojos de un imberbe Bobby Charlton a través de los que el espectador ve la historia, Murphy aporta, sin lugar a dudas, el corazón.

Hay otro detalle que se aparta de lo ya sabido. Indirectamente, aunque de forma no muy sutil, se culpa a la Federación Inglesa de lo sucedido. El Manchester United debía volver a Ias islas con premura tras un partido europeo en Belgrado. Corría el riesgo de ser sancionado en la liga. La Federación no había accedido a cambiar su partido del fin de semana. En la película se revela que ese detalle fue decisivo a la hora de adelantar el despegue del avión en la escala de Munich, en un día de visibilidad muy reducida y cuando anteriormente el aeroplano había sufrido problemas técnicos. No es un detalle superficial, puesto que podría trasladarse, medio siglo después, a la actualidad, una época en la que los calendarios asfixian a los equipos y machacan a los jugadores.

'United' deja en los márgenes lo futbolístico para centrarse en la tragedia y sus repercusiones. Es así su última media hora, con Murphy empeñado en levantar lo imposible, donde se acumula la emoción. No hay más que apuntar a los ojos del entrenador galés y observar las miradas que se cruza con los supervivientes en el túnel que lleva a Old Trafford mientras echa a volar la imaginación y los recuerdos. 'United' demuestra que el fútbol va mucho más allá del césped y que el once titular no solo lo forman personas, también sentimientos.
 
RAFAEL GONZÁLEZ

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