CRÍTICA DE TEATRO'El gran teatro del mundo'
Autor: Calderón de la Barca
Versión libre y dirección: Carlos Saura
Escenario: Naves del Español (Madrid). Hasta el 5 de mayo.
El polifacético Carlos Saura debuta como adaptador y director teatral de la mano de Calderón. El director aragonés ha empleado las mismas herramientas que ya utilizó en ‘Carmen’, ‘Tango’ y ‘Salomé’ pero con un resultado mucho más discreto. El fabular acerca de lo que pudo haber sido un ensayo de la propia obra de Calderón siempre puede resultar interesante, de hecho no es necesario que el propio Saura nos avise tanto –en el programa y el prólogo- de que se ha tomado ciertas licencias con el texto. Como idea sobre la mesa resultan plausibles todas las intenciones que posee el montaje, pero a medida que avanza la obra, esos propósitos quedan un tanto desubicados y llegan a jugar en una extraña formalidad que les condena al punto muerto.
Se puede decir que Saura ha sido un pasajero timorato en su aventura teatral y en vez de trabajar con sus herramientas y llevarlas a extremos en los que realmente se sintiese cómodo, se ha quedado a medias entre lo que podría haber sido un aspecto muy interesante del mundo del teatro y sus confabulaciones con el propio Calderón a la cabeza y la representación del propio auto sacramental al que en sí mismo no se le saca partido alguno –o muy poco-.
De la mano de Pirandello todo comienza de un modo adecuado, el reparto, las proyecciones, las correcciones, las potentes transparencias… en esto Saura ha sido fiel a sus diversas argumentaciones y no ha dudado en reiterarse con aplomo. La iluminación también es correcta y la música permitía que la aventura crepuscular de poner una obra en funcionamiento avanzase con paso firme. Lástima que no haya mantenido el pulso y a partir de ese momento sólo algunos detalles interpretativos de la mano de García Pérez –Calderón-, Antonio Gil –el labrador- e instantes corales, son los que aguantan el pulso. Un exceso en el empleo de la declamación consigue que no se tome el pulso a un montaje que se queda en el calificativo de lo que podría haber sido y que no es. Cuando parece querer tomarse en serio se vuelve un tanto ambicioso y no consigue combinar adecuadamente con los instantes iniciales.
Se agradece que Saura no tenga miedo a nuevas correrías artísticas y continúe indagando en la creación, quizá sólo se pide que lo haga sin el terror a equivocarse y que no contenga lo que pudo haber sido.
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ















