Compañía: Turlitava Teatro
Dirección y Dramaturgia: Victoria Peinado
Textos: José Cruz, José Espigares, Álvaro Tejero
Escenario: Sala Triángulo (Madrid)
Un ‘meeting’, ensayos de un monologuista. Conversaciones ágiles, contrarréplicas brillantes, tener la respuesta preparada antes que la pregunta, fascinar a la audiencia. Medir los tiempos, saber llevar el ritmo, nunca quedarse en blanco y mucho menos dudar. Hacer que se escucha, simulacro del diálogo, el otro como réplica para construir el discurso propio. Excusarse en que es una manera de ganarse la vida sin darse cuenta de que es el estilo de vida cotidiano. Hacer que se escucha, que se dialoga para poder seguir hacia delante, sin tener que parar y obligarse a mirar alrededor y a uno mismo.
Turlitava Teatro vuelve con un nuevo espectáculo tras dejar su espacio propio, aquel en el que cosecharon su mayor éxito. Fue con 'Los vivos y los m(íos)', de José Cruz, elegido entre los diez mejores montajes teatrales por El País y, por votación, el mejor para los lectores del periódico, un espectáculo en el que se indagaba en la investigación de los espacios no convencionales.
La compañía sigue en esa línea y la expande jugando con las posibilidades del espacio, convirtiendo lo que es en realidad un ambigú convencional en diferentes lugares, incluyendo el propio bar como escenario de una de las escenas. Turlitava mueve la acción teatral por todas las partes de la sala, integrando al público y creando un espacio que ayuda a que la obra avance.
'Desperfectos' es una comedia que juega a tratar al espectador como alguien inteligente, apelando a que tome una actitud activa, nada complaciente. Bajo la apariencia de una comedia de situación en la que varios jóvenes comparten piso mientras hacen planes de futuro (“un doctorado, tener un hijo”), 'Desperfectos' esconde toda una declaración de principios, casi un grito de alerta, sobre la incomunicación, o más bien la necesidad de la comunicación, pues no plantea su imposibilidad, sino la incapacidad que tiene esta sociedad de ejercerla.
La obra es una comedia de situación que a ratos juega con lo grotesco. Está llena de diálogos ágiles que cesan por momentos para dar paso a la poesía mediante el uso de dos monólogos que rompen la escena, la pausan y, sin embargo, la hacen brillar en el momento adecuado.
Y es, paradójicamente, a través de estos dos monólogos, realizados por los personajes femeninos y en los que se reivindica la comunicación, la escucha (en contraposición a los monólogos que ensaya Hugo, uno de los protagonistas, encantado de escucharse) dónde por fin los personajes, al escuchar, saben lo que quieren más allá del capricho pasajero que les hace desear la suerte del otro, aunque sea para librarse del tedio.
Estamos ante dos monólogos (textos de José Cruz) cargados de poesía y en los que los personajes comprenden que no basta con hacer las mismas ceremonias, repasar fotografías de un álbum, inventarse vidas y acertar o ponerse las gafas de sol cuando se llora. Hay que dejar de huir, de refugiarse en las frases brillantes. Hay que escuchar, sobre todo escuchar a tiempo.
BENJAMÍN JIMÉNEZ







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