'LOS ARCHIVOS PERSONALES DE BERGMAN'.





CRÍTICA LITERARIA

'Los archivos personales de Bergman'
Edición: Paul Duncan y Bengt Wanselious
Editorial: Taschen.


BERGMAN Y SUS FANTASMAS

El libro que ha editado Taschen es para quitarse el sombrero. Bergman les dejó acceder a sus recuerdos personales y ellos extrajeron la sustancia de una carrera completa y repleta de cualquier estado anímico. Cada película es analizada pormenorizadamente. No faltan entrevistas, notas de diarios, lamentos, festejos… Si bien es cierto que en no pocas ocasiones se basa en escritos del propio Bergman –ya publicados- como 'Imágenes', 'La linterna mágica' o notas al principio de los guiones; la información en la gran mayoría de los casos es del todo novedosa. Desde el artículo inicial escrito por su actor y amigo Josephson se deja constancia de lo completa que va a ser la travesía. No hay ningún escrúpulo –se les felicita por eso mismo- al extraer textos que se podrían catalogar como confidenciales para Bergman y su entorno. Mención especial merecen las películas 'Los comulgantes' –muy concretamente al diario del bueno de Vilgot Sjöman- 'Saraband', 'Persona'… la profundidad de los datos es tan precisa que casi no deja imaginar nada al espectador.

También consigue que se conozca un poco más a la propia persona de Bergman y las continuas decepciones que ha causado en estrechos colaboradores suyos por la entrega a sus películas que le llevaba a imperdonables despistes emocionales; mostrándole como un egoísta muy parecido a aquellos personajes interpretados ya sea bien por Erland Josephson, Gunnar Björnstrand o Max Von Sydow. No hay duda de que es el libro más completo que existe sobre la figura del director sueco. La curva que realiza en la vida de Bergman va perfectamente desde esa ilusión inicial con su desmesura, su engreimiento, la pasión…  hasta la vejez, el temple, la madurez, el asentamiento. No se le trata simplemente como genio, sino que ahonda en su persona y sus rincones oscuros, simplemente: Ingmar Bergman.

Nada en el libro está resuelto al azar. El orden meticuloso del que hablan de cada película está acompañado de las cronologías en las que se ahonda en esa faceta tan importante o más que la cinematográfica, la labor teatral en la que Bergman siempre se sintió tan cómodo: “El teatro es mi mujer, el cine, mi amante”. Ya que el esfuerzo ha sido tan grande, se hubiese agradecido un estudio detallado de las películas que sólo escribió y que fueron dirigidas por Liv Ullmann, o aquellos proyectos que nunca vieron la luz, sirva de ejemplo 'Amor sin amante'. Todas ellas forman parte de lo que es su vida y lo que son sus demonios. Llama la atención y conviene recapacitar sobre el hecho de que si realmente Bergman no hubiese llevado la vida que llevó quizá nunca se hubiesen visto estas películas. La gran mayoría de ellas están basadas en experiencias personales. Las heridas estaban abiertas y es posible que a través del celuloide consiguiese su método de exorcizar el ingrato demonio de la angustia y la ansiedad.

Capítulo aparte merecen las notables fotografías que acompañan al libro. Dejan constancia de esa evolución de un tiempo y detalles de una larga vida. Sí, es cierto que Taschen mima las instantáneas de un modo siempre preciosista, pero al ser una edición tan cuidada, el elegir un formato tan grande, aunque dificulta su lectura –siempre y cuando no haya una mesa al lado para apoyar el libro- sirve para mostrar la imagen del mismo modo preciosista que Bergman lo hacía en sus películas.

Esta edición que los amantes de Bergman verán como la más completa que ha existido, viene acompañada por una sorpresa final: una joya por todo lo que representa. Incluye un DVD dividido en cuatro capítulos en los que se puede apreciar al Bergman de sus comienzos con imágenes tomadas por el mismo –u otros- en lo que corresponde a 'El séptimo sello', 'A través del espejo' o 'Noche de circo'. La voz narradora informa de ciertas semejanzas entre las historias y la vida del director. También se incluyen los anuncios publicitarios que el director sueco realizó para una firma de jabones. Se aprecia con detalles los rodajes y los preparativos –que es donde vemos trabajar a Bergman de verdad, ya sea con los actores o los técnicos- de sus películas 'Sonata de Otoño', 'Creadores de imágenes' y 'Saraband'. No había mejor acompañamiento para el magnífico homenaje que ha editado Taschen.

El libro está en inglés pero han tenido la delicadeza de editar una separata conjunta en la que viene traducida al castellano.

Sería importante que algunas editoriales tomasen nota de lo que han elaborado en Taschen y se dignasen a traducir textos de Bergman como 'Tres diarios' o sus guiones inéditos que ya están en circulación en otros países. ¿Por qué nunca llegan aquí esas traducciones? La eterna pregunta sin respuesta.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'ACTO DE VALOR'. ¿Nos alistamos?


'Acto de valor' (Mike McCoy y Scott Waugh. Estados Unidos, 2012)

‘Acto de valor’ hizo cumbre durante unas semanas en la taquilla estadounidense, superando a estrenos rutilantes y producciones de primer nivel. Si se deja volar la imaginación uno se puede trasladar a la salida de uno de los cines en los que se proyectó y acompañar un rato a aquellos espectadores que acababan de ver una de las películas más patrioteras, propagandísticas y probélicas que se hayan rodado en los últimos tiempos. Ahí se les puede observar, orgullosos de pertenecer al país más poderoso, el que resiste asediado por malvados que hablan eslavo y rufianes barbudos que rezan orientados a La Meca. Todos con el pecho hinchado de orgullo, luciendo bíceps y alguno sobrecogido todavía por el peligro al que sus nuevos héroes se exponen por protegerles. Los más osados incluso dan en la diana y se hacen la pregunta estrella: ¿Nos alistamos?

La película dirigida al alimón por McCoy y Waugh funciona como el antídoto a la avalancha de producciones que han criticado, en mayor o menor medida, la política exterior estadounidense en materia bélica desde el 11-S. ‘Acto de valor’ sería el hermano perfecto, el de matrícula de honor y raya de pelo a un lado, de ‘Restrepo’, ‘La batalla de Hadiza’ y, sobre todo, la miniserie ‘Generation Kill’. Aquí todo está justificado. Los Navy Seals reciben órdenes y las ejecutan. Matan,  a quien sea y donde sea (hay localizaciones en México, Filipinas y hasta en alta mar), con tal de proteger al país. Son precisamente esas escenas de acción, apoyadas por un presupuesto generoso, las que inyectan algo de energía a un producto de calidad ínfima. Las interpretaciones simplemente no existen y los intervalos entre las escaramuzas se rellenan con diálogos y situaciones abrumadas por el estereotipo.

‘Acto de valor’ concluye de la única forma con la que podría hacerlo, con las barras y las estrellas ondeando al viento. Suficiente para sacar tajada económica, sumar algunos nuevos reclutas y, ya de paso, poder asegurarse en el caso de sus directores trabajar en el futuro con otro peso pesado en esto del cine –y la política- de tintes conservadores, Arnold Schwarzenegger.

RAFAEL GONZÁLEZ

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'THE AMAZING SPIDERMAN'. El hombre araña, en caída libre


'The amazing Spiderman' (Marc Webb. Estados Unidos, 2012)

La nueva revisión de 'Spiderman' juega en una división un tanto particular en lo que se refiere a las adaptaciones basadas en superhéroes. El hecho de 'recomenzar' una saga –y más si la dirigida por Raimi aún permanece demasiado presente- entraña riesgos y la sutileza puede ser un arma combativa que dé resultados o te condene a la mediocridad. También es verdad que “jugar a reinventar el original pero aporto lo que me dé la gana” puede ser un suicidio. Posiblemente, 'The amazing Spiderman' pueda posicionarse en esta categoría: fantasean con el origen del personaje de un modo que resulta tan monótono que asusta si tenemos en consideración el tempo de la película.

Hay decisiones muy  sospechosas –no en la propia película, sino en la generalidad- como puede ser el hecho de escoger un actor protagonista de 28 años para representar a un chaval que vendrá a tener 16  ó 17 años ¿por qué? El espectador ha de aceptar este acontecimiento de un modo gratuito y seguir adelante, pero esta dinámica ha de cambiar o al menos, ya que adaptan libremente, pues que asuman todas las consecuencias y lo sitúen en otro momento vital. Salvada esta pequeña y constante anomalía, había cierta expectativa en comprobar lo que había hecho Marc Webb –tras su magnífica '500 días juntos' (2009)- y más si se atendía a las declaraciones en las que venía a manifestar que había revisitado al personaje y lo había transformado en una película de autor… ¡mentira!

¿Qué ofrece? Lagrimeo fácil de los personajes y alguna anécdota. El origen de Peter Parker como hijo de un eminente científico –sospechosamente muerto- que trabajaba en un experimento que cambiaría el mundo basado en la regeneración por medio de otras especies –algo aproximativo- que tenía a las arañas como principal pilar de su estudio ya chirría bastante,  más aún si trabaja en Oscorn –el espíritu del Duende navega por toda la película, anunciando secuela-. Todo intenta ser una pieza que desea juntar toda la compleja vida de Parker en el mismo lugar, su padre con su muerte, su amor, su villano, su origen… ¿no es demasiado para una oficina?

El ritmo es irregular. Toda la primera hora –y más sabiendo lo que va a ocurrir- resulta un tanto tediosa, los cambios en las personalidades de los personajes se producen al instante, no hay ningún arco de evolución y eso consigue que personajes como Flash Thompson –el matón del instituto- queden en ninguna parte y se difuminen sin el menor atisbo de calado. Ocurre algo similar con el padre de Gwen Stacy, el siempre honesto capitán, con quien se toman la licencia en muchos aspectos, pero el más crudo es el de la relación con el propio Spiderman –conviene no olvidar que en el comic, el padre conoce la identidad de Parker y nunca le pide que se aleje de su hija- un  hombre americano por excelencia que da cabida a un patriotismo histriónico por la defensa de una bandera y las normas. Todo con tópicos malsanos –incluidos el de la supuesta redención en las últimas palabas-.

Escoger un villano como el lagarto entraña también sus riesgos y más si por momentos parece que el espectador forma parte más de un videojuego que de una película –desaconsejable verla en 3D, otra vez que engañan sin pudor-. Su presencia es más propia de una animación que de otra cosa que simule su presencia real. Nuevamente la señorita Gwen Stacy es pieza fundamental en el entramado al trabajar para el doctor Connors, que a su vez era socio del padre de Parker –todo queda en familia-.

El espíritu del 11-S tiene calado en la película y las escenas de colaboración ciudadana son lamentables –fundamentalmente la escena de las grúas y sus operarios-.

También tiene momentos con sentido del humor, y eso se agradece, como la escena del metro en la que Parker de un modo curioso comienza a darse cuenta de sus poderes; de ahí a controlarlos y a crearse su lanzaredes pasan pocos minutos –de nuevo el ritmo es difuso-  o la foto detalle del tío Ben en su juventud como apuesto 'gigolo' posteriormente transformado en hombre de la casa y la unidad familiar.

Es una pena que el guión no se haya trabajado con mayor tesón, más bien, parece como si hubiesen deseado alejarse de lo propuesto por Reimi y a su vez estar cerca… pero no, se queda muy lejos de cualquier parte. Es posible que una opción más acertada hubiese sido rodar una historia de Spiderman sin tener que explicar su origen. Evidentemente no es como la calamitosa 'Spiderman 3' pero está lejos de 'Spiderman'.

Otro hecho curioso es que se descubre la identidad de Spiderman en numerosas ocasiones ¿buscan ofrecer un lado humano? Y salvo la tía May –demasiado joven por otro lado- y alguna persona más, todos saben quién es Peter Parker.

Marc Webb no se merecía esto y sólo hay que esperar que este derrumbe sin telaraña que lo amortigüe haya sido algo temporal y se le vea trepar por rascacielos más altos.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'STOPPED ON TRACK'. La autenticidad del sufrir

CRÍTICA DE CINE

'Stopped on Track' (Andreas Dresen, Alemania, 2011)

El sistema muestra sus grietas cuando un largometraje como ‘Stopped on Track’ sobrevive en el anonimato. Al poco de su estreno, una única sala de Madrid lo mantiene en cartelera. El dato coge peso al constatar que se proyecta en una solitaria sesión semanal. Valga la reflexión para emparejarla al tema en el que profundiza esta producción alemana, el cáncer, todavía tabú, arrinconado y hasta silenciado en tantas ocasiones. A esta terrible realidad se enfrenta de cara el filme de Andreas Dresen, que ya había mostrado algo más que soltura al asomarse a asuntos marginales como el sexo en la vejez (‘En el séptimo cielo’, 2008).

El director marca las cartas desde el inicio y ya no engaña. A los cinco minutos el espectador ya conoce que el protagonista, un hombre de 40 años y clase media-alta, se enfrenta a un cáncer que terminará con su vida en un par de meses. La secuencia que abre la película resume el enfoque planteado por Dresen: es realista, seca y sin concesiones. ‘Stopped on Track’ destaca por su valentía, tanto en el planteamiento fílmico (el uso de la cámara en mano y la incorporación de la videocámara de un iPhone) como en el temático. Acostumbrados a tratar con productos que rozan el melodrama, edulcoran la enfermedad, hacen espectáculo del dolor ajeno o, al contrario, frivolizan desde el optimismo la agonía, aquí se apuesta por la verosimilitud, aunque duela. Es lo que hay, parece gritar cada uno de sus planos. Dresen maneja un asunto tan complicado con extrema objetividad, desde un profundo respeto y sin necesidad de estirar lo positivo (las miradas que se cruzan hija y padres en la competición escolar sobrecogen) ni lo negativo (el deterioro físico y mental del paciente en sintonía con el derrumbe psicológico familiar).

Aunque se cuele algún exceso reprobable (la violentísima interrupción del médico nada más soltar el diagnóstico), ‘Stopped on Track’ asegura cada paso encima de la finísima cuerda del equilibrista en la que se mueve. Detrás del drama que vive esa familia se esconden detalles estremecedores en forma de miradas, inesperados héroes (el pequeño de la familia), besos, despedidas y largos silencios. Puede que se sufra y que duela, y mucho, pero de lo que no queda duda es que el espectador saldrá enriquecido de la experiencia tan profunda que supone el visionado de esta pequeña joya, una valiosa anomalía en un sistema cinematográfico a veces tan detestable.

RAFAEL GONZÁLEZ

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'EL ENIGMA DEL CUERVO'. Divertimento deconstruido


CRÍTICA DE CINE

'El enigma del cuervo' (James McTeigue. Estados Unidos, 2012)

Que se reconstruyan aspectos indemostrables de la vida de un escritor en su época o sobre personajes de su obra, no es algo ya que resulte original. Lo novedoso del asunto es que no sea Shakespeare el foco de estas especulaciones –por citar sólo tres ejemplos: 'Rosencrantz y Guildestern han muerto' (1990), 'Shakespeare in love' (1998), 'Anonymous' (2011), - y se centren  en los  últimos días de Edgar Allan Poe. Toda la primera parte de la película muestra a un escritor ya sin ideas, que casi es ninguneado por su tiempo, desesperado en busca de ese alcohol que dé cabida al último aliento tras haber renunciado a la escritura creativa. Poe sobrevive realizando críticas para el periódico que en otra época publicó sus relatos, aunque sólo se publican ocasionalmente.

Todo este análisis global de una persona a la que ya no le queda nada por lo que luchar contrasta con un Poe enamorado que se encuentra a las puertas del anuncio su boda. Esta mezcla de ilusiones y desilusiones contrasta muy mal, no se complementan en absoluto la desesperación del hombre sin esperanza que se refugia en el frasco con el hombre ilusionado y repleto esperanza que compone poemas a su amor al que únicamente puede ver de modo clandestino.

A esto hay que sumarle la aparición de un adicto a Poe que decide cometer asesinatos basándose en los relatos del escritor. La trama de intriga y crímenes se ve alterada por la obligación de Poe de crear historias en las que se mezclen realidad y ficción para que el asesino lea savia nueva de quien es su ídolo y detener así su baño de sangre. Como es natural y para forzar a Poe a escribir, en el chantaje se ve envuelta su amor para así conseguir la entrega total del escritor a la página en blanco.

El ritmo de la película es un tanto lento y pese a disfrutar por momentos del universo de Poe, la película no es ni mucho menos trepidante. Los relatos de Poe son pequeñas anécdotas, se muestran sólo unas pocas líneas para escenificar el crimen. Quizá, si hubiesen desarrollado más la trama por este lado sin recurrir tanto a los mismos recursos del cine comercial americano, el proyecto hubiese adquirido más potencial, pero a lo mejor la taquilla se hubiese resentido, y claro, si no hay dinero, no hay película: es una industria.

La interpretación de John Cusack está repleta de histrionismo pero no desentona en una película de excesos, apropiada para el verano  y que posiblemente consiga que las ventas de los libros Poe se disparen. Pues nada, “¡más madera!”

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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