'EL CUERPO'. Hanif Kureishi




CRÍTICA LITERARIA

'El cuerpo'
Autor: Hanif Kureishi
Editorial: Anagrama
Año: 2012
Páginas: 272


¿Y SI FUESE POSIBLE?

Jugar con esquivar la muerte siempre tiene un componente atrayente. Jugar a ser otro y que nadie nos reconozca provoca atracción. Jugar a tener un cuerpo más joven pero saber todo lo que la edad ha podido dotarnos; eso genera atracción y deseo. Todos estos “juegos” son los que plasma Kureishi en  'El cuerpo'. Tratar con temas tan controvertidos siempre puede rayar el absurdo o exigir que el pacto de ficción con el lector sea un verdadero esfuerzo. En la novela todas estas cuestiones están solucionadas con un plano de artificiosidad tolerable en todas sus acepciones. El autor no se dedica a explicar todo el proceso con demasiado detenimiento –ralentizaría los acontecimientos notablemente y no aportaría gran cosa-, lo hace con cautela, dando la información precisa para que la acción continúe aportando datos que aunque no resuelven incógnitas si consiguen que “la vida nueva” comience a resultar hipnotizante, dado que todo resulta tan desconocido como atrayente y el lector sacia la curiosidad de las vivencias a la par que el protagonista. Es fácil entablar empatía con esa persona que quiere unas vacaciones de sí mismo para con sus responsabilidades y así entablar relación con todo aquello que en la “otra vida” ha quedado como un interrogante: la ventaja es que ahora puede encontrar la respuesta. No deja de ser tamaña empresa un libro de viajes –no sólo interiores- por lugares alejados a su vida común y que, nuevamente, Kureishi, sabe abordar el sexo con las descripciones precisas  que aporta un erotómano; estos pequeños detalles consiguen que los acontecimientos   vayan a deparar en una historia de persecuciones y huidas hacia ninguna parte, en otras palabras: “el secreto de la vida eterna” es demasiado goloso para dejarlo ir, y más, si está envuelto en un cuerpo bien proporcionado, porque teniendo capital, ya sólo se trata de encontrar cuerpos deseables que se amolden a los cánones de belleza universal.  ¿Y si después de un tiempo se añora el yo exterior que poseíamos? Kureishi llega a la parte final con cierta premura en la solución, todo ello no es sino una consecuencia de que en no pocas ocasiones… “la curiosidad mató al gato”.
 
IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'EL INSPECTOR'. Gógol, ese futurista


CRÍTICA DE TEATRO

'El inspector'
Autor: Nikólai Gógol
Versión y dirección: Miguel del Arco
Teatro Valle-Inclán de Madrid. 23 de mayo de 2012

La risa, ese instrumento plagado de fuerza y tan indómito en su manejo, ha llegado al Teatro Valle-Inclán envuelta bajo el título de ‘El inspector’. Miguel del Arco es capaz de realizar una adaptación con plena vigencia y conseguir que este presente plagado de diversas corruptelas y decisiones sin sentido sean el motor de un montaje que sin ser nada espectacular, ofrece al público una buena ración de reconocimiento social –no falta las referencias a los trajes fraudulentos y la marginación de la educación y la cultura- que garantiza el compromiso con el divertimento.

Del Arco emplea las herramientas humorísticas con oficio y tino. Es capaz de tener un plantel actoral muy comprometido que se adapta a los múltiples roles que se les exige para que la función continúe su curso de un modo resolutivo. No importa ese recurso de la sobreinterpretación, porque consigue lo que pretende, que el ánimo no decaiga. El empleo de los músicos siempre en escena y participando en los acontecimientos –muy parecido al modo en que los emplea Peter Brook- oxigena las acciones y las transiciones se vuelven ingeniosas. Macarena Sanz en el papel de hija del alcalde muestra una soltura desbordante. En la nueva generación de actrices dotadas de talento y futuro, es evidente que esta intérprete puede ocupar el lugar más importante. Cada una de sus acciones está marcada por unas intenciones claras que jamás resultan impostadas. No es fácil destacar entre un plantel tan notorio, pero sin duda alguna ella lo consigue.

La opción del director para mostrar los aparte de cada personaje resulta muy útil e ingeniosa: siempre suena una campana a modo de combate de boxeo antes de que cada personaje diserte y confiera al público sus pensamientos reales. Son los únicos momentos en los que no mienten ni tienen el soborno ni el engaño como único objetivo. La inclusión de números musicales, con sus coreografías y sus letras, dotan de mayor comicidad a un montaje que, aunque no resulta pesado, sí tiene una duración algo elevada y que consigue que se pierda algo de frescura hacia su parte final, pero aún así los aplausos fueron numerosos y a nadie pareció importarle. Miguel del Arco ya se ha instalado en el mundo –peligroso pero repleto de oportunidades- de los grandes teatros nacionales ¿Ahora qué? Él y sus circunstancias.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'HA DEJADO DE LLOVER'. Andrés Barba




CRÍTICA LITERARIA

'Ha dejado de llover'
Autor: Andrés Barba
Editorial: Anagrama
Año: 2012
Páginas: 199


SOLO INSTANTES

Andrés Barba es un escritor eficaz, domina el oficio con soltura y se mueve correctamente en diferentes géneros, desde la novela –'Muerte de un caballo'- hasta la traducción -'Alicia en el país de las maravillas'- pasando por el ensayo –'La ceremonia del porno'-, para llegar a su último libro, 'Ha dejado de llover', que son cuatro relatos sobre diferentes tipos de incomprensiones. El problema que han podido tener algunas de sus novelas -últimamente se ha prodigado en las novela cortas- es que pese a estar fenomenalmente escritas lo que relataban se quedaba en un lugar  bastante insulso y desmerecía su pericia estilística, salvo su excelente última novela, 'Muerte de un caballo', en la que unía un estilo depurado con una historia repleta de aciertos y de imágenes evocadoras muy cercanas al mundo del celuloide, por lo que no sería extraño que se adaptase a la gran pantalla.
 
'Ha dejado de llover' es un libro que no mantiene una línea clara en lo que expone, los relatos pese a que la extensión de cada uno no es excesivamente larga, resultan pesados porque las precisas descripciones no aportan nada a esos universos agotados en el que viven siempre esos personajes de condiciones sociales más bien altas. Da la sensación, que Barba quiere contar demasiadas cosas como en el relato 'Paternidad', y esto le condena a que la historia pierda la frescura y el interés con el que empieza. En  'Compras', lo relatado se ve condenado desde el principio y su lectura se hace farragosa por ser demasiado previsible y anodina. Tampoco 'Astucia' y 'Fidelidad' consiguen levantar el vuelo y representar algo más que bosquejos prototípicos de situaciones que aunque no buscan relatar algo que sea extraordinario por su originalidad se quedan en una prosa bien estructurada pero sin que aporte nada a esos sentimientos encorsetados en clichés y a resoluciones que en realidad no son tales, aunque eso tampoco importa, son puntos y seguidos a vidas envueltas en recelos, envidias, rutinas, celos, amores...

También es cierto que 'Paternidad' y 'Fidelidad' podían haber conseguido que el resultado del libro fuese diferente porque al menos proponen algo, pero estos propósitos quedan sepultados en acciones que sólo lo endulzan formalmente; una pena, porque Barba es un escritor que hay que tener en cuenta, pero claro, así, únicamente con instantes, no.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'LA LOBA'. No se puede ganar siempre

CRÍTICA DE TEATRO

'La loba'
Autora: Lilian Hellman
Dramaturgia y dirección: Gerardo Vera
Compañía: Centro Dramático Nacional
Teatro María Guerrero de Madrid. Hasta el 10 de junio

Asombra la rentabilidad artística adquirida a lo largo del siglo XX por el sur de los Estados Unidos convertido en auténtica realidad cultural por el cine y, sobre todo, la literatura. Autores como Tennesee Williams y William Faulkner se han erigido, entre otros, en portavoces de un estado de cosas muy vinculado a esta zona del país americano, aunque resulta indudable que la llaga a la que apuntan se puede rastrear en otros lugares del mundo (máxime en un tiempo en que el liberalismo más desatado se ha impuesto como modelo casi único de la relaciones laborales, políticas y financieras). En este sentido, hay que aplaudir la decisión de llevar a la escena 'La loba', de Lillian Hellman, obra de sobras conocida por su versión cinematográfica gracias a la memorable interpretación de Bette Davis.

El texto condensa, en realidad, gran parte de los motivos convencionalmente asociados al sur americano: decadencia material y moral, grandes diferencias sociales, explotación laboral, etc. Pero 'La loba' constituye, sobre todo, un alegato contra la injusticia y el enriquecimiento conseguido por medios ilícitos -el abuso y el engaño, principalmente- pero es, de manera especial, una denuncia de la gran ruindad moral que vuelve a unos seres humanos insensibles frente al sufrimiento de los demás. Ese es el gran pecado de la familia Hubbard o, para ser más precisos, de una parte de sus miembros, puesto que la autora traza una línea muy nítida entre los que defienden a capa y espada el derecho a enriquecerse al precio que sea –como Regina, Ben, Oscar e incluso Leo, el hijo de este, además de William Marshall, el rico empresario- y los que no están dispuestos a transigir con tales desmanes como James Hiddens, el marido de Regina, Alexandra, su hija, Birdie, la mujer de Óscar, y Addie, la criada negra (el eterno enfrentamiento del bien contra el mal).

El montaje apuesta por la sobriedad en el decorado y una interpretación que huye de las estridencias, aunque sin renunciar a lo que exige una historia donde chocan posturas muy antitéticas respecto de la existencia y la relación entre los seres humanos. En el reparto destacan sin duda Nuria Espert en el papel de Regina, Héctor Colomé en el de Benjamín Hubbard, Víctor Valverde en el de James Hiddens y Jeannine Mestre en el de Birdie, aunque que el resto mantiene también un buen nivel. Hay que agradecer una vez más al Centro Dramático Nacional el acierto en la elección de una obra que, más allá del tiempo de su producción, logra conectar con la sensibilidad del espectador de hoy.

ANTONIO GARRIDO DOMÍNGUEZ

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'SOMBRAS TENEBROSAS' / 'LOS VENGADORES'


CRÍTICAS DE CINE

'Sombras tenebrosas' Tim Burton (Estados Unidos, 2012)

'Los Vengadores' Joss Whedon (Estados Unidos, 2012)

TIM BURTON DIVIERTE Y 'LOS VENGADORES' ABURRE

Con ‘Sombras tenebrosas’, Tim Burton ha tenido la clara intención de saborear un divertimento que no vas más allá, pero lo consigue, al contrario de la gran mayoría de sus películas, que se quedan en territorios desconocidos y que mezclan el sopor con unos grandes decorados –‘Alicia en el País de las Maravillas’-. En esta ocasión es un ‘remake’ de una serie –¡¡¡sorpresa, Burton haciendo algo ya hecho!!!- a la que dota de rostros amigos como Johnny Depp y Michell Pfeiffer para que sus criaturas comiencen a deambular por esas luces “tenebrosas” y esas sobreactuaciones que les van muy bien a los personajes porque los acontecimientos suceden en ese mundo ‘burtoniano’ en el que todo es parte de ese coto privado que diseña el propio Burton en su imaginación.

En esta ocasión también permite que el espectador disfrute de la interpretación de Chloë Grace Moretz para constatar que se mueve como pez en el agua en cualquier tipo de historia en el que ofrezca su talento. Donde mejor se maneja el director es en el mundo de la animación, no hay duda, y cada vez sus filmes tienden a aproximar a las personas a entes que simulan ser marionetas. No siempre le sale, aunque con ‘Sombras Tenebrosas y el empleo perfectamente conjugado de la fotografía y la música de su habitual Elfmann consiguen entroncarse y simular fuegos de artificios resultones. El metraje es algo pesado y sirve para recordar que una vez Burton hizo películas extraordinarias sobre seres humanos –como ‘Ed Wood’- y claro, asaltan las dudas de si ese Burton volverá o sólo veremos grandes cosas suyas en animación o haciendo más ‘remakes’… sólo él lo sabrá –quizá Bonham-Carter también-, pero es evidente que en lo que elija seguirá tratando a todos como marionetas.

‘Los Vengadores’ es un tostón de dimensiones épicas. Si no hubiesen decidido incluir al bueno de Iron Man el aburrimiento sería ya insoportable, pero lo incluyeron y la larga duración se ve por momentos dotada de humor y  consiguiendo que el trago sea menos amargo. El problema que tiene la historia es ese, que no hay historia, todo se enuncia dentro de una previsibilidad aplastante y hasta los últimos treinta minutos no ocurre nada que merezca ser reseñado. Hasta ese momento sólo se ha podido constatar que ‘yankeelandia’ es un país repleto de mercenarios que aman una bandera y que nadie que no sea Stark –Iron man- está aferrado a la vida del día a día. Experimentos como éste tendrían que mimarse más y que no todo se encuadre en una mediocridad envuelta en explosiones y chistes patrióticos. Quizá la llegada del nuevo Spiderman y de la tercera parte de Batman consiga que las películas sobre superhéroes regresen a un lugar más destacado entre tanta mediocridad.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'CHAGALL EN RUSIA'. Joann Sfar




CRÍTICA LITERARIA

'Chagall en Rusia'
Autor: Joann Sfar
Editorial: Edic. 451
Páginas: 127



CHAGALL EN SFAR

Joann Sfar posee un mundo particular en el que habita con sus contornos y sus historias sin que ninguna de las modas que suceden a su alrededor parezca que le afecte en modo alguno. El autor francés necesita dar salida a cada historia con cierta premura para que no le reviente ese universo post-cósmico que le sitúa como uno de los mayores exponentes de la originalidad. Es cierto que no siempre tiene el mismo resultado, pero son tantos los campos que aborda que es lógico que esto suceda, lo importante es constatar que no le atemoriza nada. Sus historias van desde series como El gato del rabino, a adaptaciones –como la controvertida que realizó sobre 'El principito' en 2008- a dirigir películas -'Gainsbourg (Vida de un héroe) (2010), 'El gato del rabino' (2011)- hasta adentrarse en extraños biopics sobre pintores, como han sido los casos de Pascin y Chagall.
 
La publicación por parte de 451 del tomo 'Chagall en Rusia', ha coincidido con la exposición que realiza el Thyssen sobre el pintor y este hecho ha de servir para intentar sacar un partido mayor a la exposición dado que Sfar consigue reflejar ese mundo de ensoñación que tenía el pintor y de un modo u otro acerca más al espectador a la propia vida del pintor –se pueden ver algunos cuadros del álbum- y a sus circunstancias. No hay ninguna duda –como ya plasmó en Pascin- que Sfar se maneja estupendamente reflejando el interior de los artistas, o puede que sea lo que él cree que son sus impulsos. Todo esto lo inserta en el mundo de los trazos y los contornos de las figuras que dibuja asemejando la técnica utilizada a las usadas los pintores –en el caso de Pascin fue la acuarela con lo que trabajó-.
 
'Chagall en Rusia' juega a ser dos tipos de historias, por un lado refleja el positivismo y las ideas de un Chagall que no renuncia a lo que anhela con la pintura como necesidad fisiológica para poder ser él, a la crudeza de la guerra y la destrucción. Muchas de las obsesiones del propio Sfar –vistas en más trabajos, como puede ser el judaísmo-  se adentran o combinan con las de Chagall. No pretende reinventarse sino continuar explorando su paleta de colores y de historias que transcurren en órdenes peculiares, en esta ocasión merece la pena prestar atención a los compañeros de viaje del pintor de origen bielorruso.
 
Es posible que no sea la mejor historia que ha creado Sfar pero sin duda alguna merece la pena adentrarse en estas páginas porque como escribe el personaje Chagall: “Debéis sumergiros en las páginas de mi cuaderno. Uno tras otro y cuando los malvados acudan estaréis seguros”.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ
 

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'THE SUIT' ('EL TRAJE'). Brook es el mejor


CRÍTICA DE TEATRO

'The suit' ('El traje')
Autores: Can Themba, Mothobi Mutolatse y Barney Simon
Compañía: Theatre des Bouffes du Nord 
Adaptación libre, dirección y música: Peter Brook, Marie-Hélène Estienne y Franck Krawczyk
Escenario: Teatros del Canal (Madrid). 13 de mayo de 2012

‘The suit’ es el talento envuelto en montaje teatral. Tener el arrojo de adaptar el texto del desdichado Can Themba -fallecido en el exilio por la tristeza y el alcohol- es dar un golpe sobre la mesa y poner de manifiesto que en realidad el tiempo sentimental no varía, quizá sí los condicionamientos externos, pero el interior… vaya con el interior. Brook y sus colaboradores son más que conscientes de que el teatro es algo vivo y de ahí que no tengan inconveniente en reinventar su propio montaje añadiendo una música en directo que fluye y congela cada acción para transformarla en instantes que ya no tendrán marcha atrás. El colorido de Sophiatown –reflejado en las sillas- contrasta con el telón del ‘apartheid’. Los personajes frente a su inminente  desplazamiento son conscientes de que la vida ha de seguir, ellos sólo quieren vivirla…

La obra de Themba envuelve toda la situación social en una ‘parejada’: el marido se entera de la infidelidad de su mujer y al pillar a la pareja en la cama el amante huye dejándose el traje… a partir de aquí la destreza y el imaginario corren a raudales. Las transiciones musicales –impresionante la voz y el sentir de Nonhlanhla Kheswa- sirven para conocer el modo de sentir de unos personajes que son conscientes de la deriva a la que se encaminan. Para algunos ni siquiera el amor es un consuelo, ¿existen el perdón y el olvido? ¿Se puede convivir con ellos? Nadie juega al despiste, no importa el daño que se haya podido causar. Se trata de devolver esa humillación, de dañar aunque el dolor no apacigüe el desconsuelo. Dos que eran uno de golpe y porrazo se convierten en tres… Brook y sus colaboradores consiguen que ese escenario repleto de sillas de colores, perchas y una alfombra reflejen una ciudad con sus autobuses, sus lugares de reunión, sus intimidades… para dar forma a esos sueños y esas pesadillas que tienen un traje como telón de fondo, un objeto que se transforma en un invitado que les recuerda lo que ha ocurrido. Ni siquiera su aparente destino tiene más significado que esa prenda a la que hay que alimentar, sacar a pasear… y sí, es un personaje que ha sido dirigido y al que se le ha dotado de matices propios de un ser humano –recordemos que es sólo un traje-.

El público se siente parte integrante de ese misterioso triángulo, disfruta en momentos, sufre en otros y los propios personajes consiguen que algunos miembros del respetable salgan y jueguen a lo que propone Brook: bebiendo en vasos que son aire, atravesando puertas que son percheros… y consigan disfrutar de la privacidad que simula ser el instante de la fiesta. El público queda atrapado en esa aparente sencillez  que a su vez es tan complicada como imposible de imitar. No hay trucos ni hay trampas, sólo teatro e imaginación.

El capítulo de la interpretación –en la que han de incluirse a los músicos y al ayudante de dirección- es un fenómeno tan memorable que tiene difícil explicación. Algunos se multiplican en diferentes personajes y todos ellos están dotados de entereza y rigor. Cada frase va unida a una acción que desnuda su intención para que su mensaje llegue sin alteración alguna. No hay nada impostado, todo se construye a través de una serie de composiciones dramáticas en constante búsqueda de lo que es una investigación fructífera y emotiva sin recurrir jamás al sentimentalismo –de nuevo se incluye a los músicos, que desarrollan sus papeles con tanta precisión como efectividad-. 
 
Peter Brook –se incluye también a Mari Hélène Estienne y Krawczyck-  crea imágenes continuas y acciona el interruptor de la sinceridad para ofrecer el lugar donde se encuentra la raíz de la cultura que es la vida.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'PLAYING CARDS 1: SPADES'. Puzle intermitente

CRÍTICA DE TEATRO

'Playing cards 1: Spades' ('Juego de cartas 1: Picas')
Compañía: Ex Machina / Robert Lepage
Autor: Creación colectiva
Dirección: Robert Lepage
Escenario: Teatro Circo Price. Madrid, 12 de mayo de 2012


La visita que más se repite en el Festival de Otoño –ahora llamado de Otoño en Primavera-  ya ha llegado y con ella todo su despliegue de fanfarria y promesas sobre la nueva creación del genio de Quebec. Robert Lepage dio con su formula hace ya muchos años, y lo  que en un principio resultó novedoso por integrar unos textos comprometidos –y muy bien elaborados- con una concepción del espectáculo como arte completo –y que a su vez ha influido tantísimo en las nuevas corrientes  teatrales europeas-  ha involucionado en una apuesta visual que está muy por encima de una dramaturgia que hilvana pedazos de vidas que viajan hacia ninguna parte.

La primera parte de la tetralogía ‘Playing cards 1: Spades’ es un mejunje pretencioso que dura tres horas y que consigue mantenerse gracias a una puesta en escena notable y a unos actores entregados –todos son impresionantes- que se socorren los unos a los otros ensamblando palabras que son meros acompañantes del aspecto visual. Se supone que Lepage en compañía de sus actores elaboran –creación conjunta- aspectos de la guerra mezclados con diferentes vaivenes en la ciudad del juego, Las Vegas - no falta Elvis y una boda-, pero todo es demasiado desigual. Este proyecto encaja muy bien en el espacio del Circo Price, no faltan recreaciones del desierto, habitaciones de  hotel, casinos, campos de batalla… todo se hace con una sincronía perfecta y ese aparente espacio desnudo va permutando con orden y concierto. El problema –y grave- es el que unas historias acompañan más que otras, que se quedan reducidas a meras comparsas que rellenan el tiempo o funcionan como ingeniosas transiciones, pero no van más allá. Esto produce cierta tristeza por ese esfuerzo titánico del grupo actoral y técnico, pero Lepage parece luchar por metamorfosearse en una pequeña caricatura de ese pasado que permanece en la memoria del público. No faltan tormentos, tentaciones, alcohol, bailes, crímenes, chamanes, viajes espirituales… pero claro, formando más parte de esa opción estética que de un texto que se difumina tras la conclusión de la obra.

Lepage tiene un talento más que notable, pero se le debe pedir más, no basta con las buenas intenciones de intentar reflejar la situación multicultural del mundo basada en tópicos, Quizá es el momento para precisar una dramaturgia más seria, coherente y determinante que acompañe a la perfecta puesta en escena: aún quedan tres obras para cerrar la tetralogía, o lo que es lo mismo: hay tiempo para remontar el vuelo.

IVÁN CERDÁN BERMÚDEZ

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'REDENCIÓN'. El cascarrabias Mullan

CRÍTICA DE CINE

'Redención' ('Tyrannosaur')
Paddy Considine. Gran Bretaña, 2011

Paddy Condisine no está para bromas. La ópera prima del actor británico, ‘Tyrannosaur’, lo proclama desde la primera secuencia, un fogonazo seco de brutalidad. De ahí hasta ese final que remite a la desafortunada traducción del título al español medía un tortuoso camino, tan bacheado como las arrugas que dinamitan la frente de Peter Mullan. Todo empieza y termina en la interpretación del actor, aunque la complicadísima y solvente labor de su compañera, Olivia Coldman, pida también a gritos una mención. Mullan se apropia hasta extremos conmovedores de esta historia de seres perdidos. Aquí nadie habla de segundas oportunidades ni se lamenta por un pasado doloroso. Todos son conscientes de que llevan la violencia tatuada en vena y no pueden renunciar a ella para enfrentarse a sus propios temores. Vencerlos ya es otro asunto. 

En el pequeño universo recreado por Condisine hay más cerveza que sentimientos a flor de piel. Los protagonistas se mueven por escenarios grises y oscuros y ni siquiera la única presencia ajena a la desesperanza, el niño vecino de ese ser marginal que es Mullan, se escapa a la ausencia de luz. Considine maneja con sutileza un guión mínimo, con diálogos que se clavan como puñales –las escenas en casa del amigo del protagonista duelen- y sutil hasta en el detalle. Las acciones descubren el interior de cada uno de los personajes de ‘Redención’. Tampoco se le puede acusar a Considine de tremendista, puesto que hurta al espectador mediante inteligentes elipsis aquellos instantes en los que la brutalidad puede llegar a sobrepasar los límites.

El debut en la dirección de Considine se salda así con una nota elevada gracias a un trabajo que apenas deja grietas y que da un paso en más en ese subgénero de filmes protagonizados por personajes torturados por un algo que conocen y al que no saben poner remedio. La esperanza tiene mil caras y todavía nadie puede decir cuál es la más auténtica.  

RAFAEL GONZÁLEZ

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'MARTHA MARCY MAY MARLENE'. Excelencia, angustia, familia, magnetismo

CRÍTICA DE CINE

'Marta Marcy May Marlene'
Sean Durkin. Estados Unidos, 2011

El debut en el largometraje de Sean Durkin es una especie de oda al desgarro y el embeleso: al desgarro por el potencial de unas secuencias repletas de tensión, dolor, anhelo, sensualidad, misterio, culpa…y al embeleso por una actriz que está en posesión de un talento que carece de límites, Elizabeth Olsen, capaz de transmitir en cada acción el peso de dos años de ausencia en una especie de mundo paralelo. Todo ello lo consigue con un poder cautivador y enigmático envuelto en unos tonos de voz capaces de desarmar corazas indestructibles.

La película se desarrolla en los dos planos que afectan al personaje de Olsen. Durkin se muestra inteligente y eficaz a la hora de mostrar esos dos mundos en apariencia tan diferentes pero que en realidad caminan de la mano ¿Cuál es más conveniente? En este aspecto, el director elige una opción un tanto partidista al mostrar alguna acción carente de sentido y que pretende condicionar –o eso parece- al espectador en lo que es la búsqueda de culpables. La ausencia de la hermana pequeña ha generado entramados de culpa en la única familia que tiene -la hermana mayor y su marido-. Esta decisión es muy acertada, jamás se habla de ese pasado íntimo y de sus circunstancias. Eso no le interesa al guionista y director. Tampoco es necesario pero sí genera cierta tensión porque como en todo pasado, hay algo no resuelto.

La fotografía es coherente con ese estado interior de búsqueda que siente la protagonista. Sus estados anímicos se ven influenciados por una luz y unos movimientos de cámara que fluyen en un mismo lenguaje; todos los elementos llevan a ofrecer esos mundos, esas nostalgias, esos miedos y sí, puede resultar aterrador que ciertas angustias sean imborrables.

Es una ópera prima que encierra un notable talento y que en ningún momento duda de lo que quiere mostrar y cómo hacerlo. No hay puntos flojos –con la excepción de esa pequeña charleta moral- y es consciente del valor de cada conversación. El plano contraplano lo rueda con inteligencia, no oprime aún más la acción, deja que cada plano respire. Los acontecimientos siguen su curso a medida que el propio Durkin encuentra otro aliado en la música que en ocasiones dulcifica y en otras tensa, pero siempre al ritmo que marca la acción, no es sólo adorno.

Tanto el equipo artístico como el técnico merecen mención especial. Qué maravilla es ir a ver una ópera prima basada en una aparente sencillez que envuelve la complejidad del ya de por sí complicado mundo familiar, o si se prefiere, de las familias que pueden acompañar nuestras vidas ¿Por qué no se apostará más por debuts así? Ahora toca esperar.

IVÁN CERDÁN

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'MANUAL PARA COYOTES'. David Ruiz



CRÍTICA LITERARIA

'Manual para coyotes'
Autor: David Ruiz
Editorial: Menoscuarto (2012)
Páginas: 107



MASTICAR EL POLVO

El debut literario de David Ruiz es fascinante. En poco más de cien páginas recrea un auténtico western respetando las directrices de un género que jamás pasará a mejor vida –y si no que se lo digan al gran Cormac McCarthy-. Los relatos que componen ‘Manual para coyotes’ forman parte –o podrían hacerlo- de un engranaje común, no importa que sean historias diferentes, todas están unidas por esa atmósfera opresiva de que cualquier día puede ser el último. David Ruiz se muestra como un escritor versátil, capaz de crear diferentes ejercicios de estilo que rezuman ingenio y talent,o como puede apreciarse en el relato ‘Propiedad privada’ –por citar sólo uno-. Todo lo que describe está llevado al límite de esas vidas del instante, del detalle, del descuido, de la agonía, de la venganza, de la muerte… Emplea precisas descripciones de la violencia, es consciente de los mecanismos para accionar el imaginario común  y saca partido de ello. Cada relato viene precedido de un ‘dramatis personae’ y el año en el que se desarrolla la acción –en ocasiones repiten personajes-. No necesita dar más pistas, todo lo ha ido forjando el lector a lo largo de años y años de westerns. También es cierto que en algunos momentos abusa de una prosa demasiado preciosista como en la página 33 “…mientras ellos hicieron el amor como si las aguas de la tempestad fuesen a tragarse la tierra…” , no cabe duda de que se trata de una apuesta del autor por mezclar poesía dentro de la aridez. Solo en ocasiones funciona.

‘Manual para coyotes’ es un muy buen libro y es posible que uno de los debuts más originales del panorama literario de la temporada. No hay duda alguna: habrá que seguir de cerca a David Ruiz.

IVÁN CERDÁN

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'EL BAUTIZO'. Una historia de lealtad

CRÍTICA DE CINE

'El bautizo' ('Chrzest')
Marcin Wrona (Polonia, 2010)

Son pocas las noticias que se tienen en España del cine que se hace hoy en Polonia. Los estrenos del infatigable Andrzej Wajda –que prepara un biopic sobre Lech Walesa- sí se hacen hueco en la cartelera -por poco tiempo- y es significativa la puesta en marcha del Festival de Cine Polaco de Madrid, que ya ha cumplido dos ediciones. Pocas opciones aparte le quedan al espectador para ver qué se cuece en la filmografía de este país. Por eso vale la pena rescatar entre las profundidades de la cartelera un largometraje como ‘El bautizo’, segundo trabajo de Marcin Wrona, que llega a España con casi dos años de retraso.

El cineasta sitúa esta pequeña pieza de cine negro en Varsovia. La dirección se pone varios metros por encima de lo que cuenta, un ajuste de cuentas entre un ex mafioso arrepentido y sus antiguos compañeros. Wrona demuestra buenas maneras con la cámara. Los estallidos de violencia que salpican esta historia de lealtad y traición –tan similares a los vistos recientemente en ‘Drive’- están rodados con pulso y firmeza. Resumen a la perfección el espíritu del filme. Son secas, directas y llevadas con ritmo. Este buen hacer se traslada a la fotografía, con una capital polaca impecablemente retratada y que se mueve entre tonalidades blancas y grises. El constante uso de símbolos –no podía faltar la iconografía religiosa- añaden picante a un guión algo rudimentario que no se toma atajos ni se muestra discursivo. Solo trata de reflejar lo que se presenta como hechos reales. Es tan directo y está tan orientado al trágico destino de su protagonista –no se oculta desde el inicio, la redención no existe en esos ambientes- que puede dejar algo vacío al espectador que busque explicaciones profundas, emociones más fuertes o personajes de un mayor desarrollo –significativa es la intrascendencia del único rol femenino-.

Wrona presenta así una notable carta de presentación de lo que se augura que será una trayectoria de interés y a seguir. Entre tanta producción palomitera estadounidense es de agradecer que se cuelen propuestas de este tipo, que dignifiquen y representen, aunque no sea ese su objetivo, filmografías que merecen, como tantas, tener su cuota, por pequeña que sea.

RAFAEL GONZÁLEZ

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'LA PIEL EN LLAMAS'. Bombas de fogueo

CRÍTICA DE TEATRO

'La piel en llamas'
Autor: Guillem Clua
Dirección: José Luis Arellano
Escenario: Teatro María Guerrero (Madrid). 2 de mayo de 2012

La obra escrita por Guillem Clua juega en un terreno ya conocido. Los lugares comunes que enuncia no sorprenden y las supuestas sorpresas se vuelven demasiado previsibles, hecho que va en contra de un clímax final que nunca llega porque ya está resuelto. Los giros, las vueltas en el papel de quién es el dominador de la situación, los premios, los engaños, las bombas, las enfermedades, las curas milagrosas… de acuerdo que son los elementos que deben regir en los países conflictivos –similares al imaginario que refleja la obra- pero ni el texto ni la puesta en escena logran dar ese matiz que dote al espectáculo de ese “no sé qué” que lo convierta en especial.

En las propias intenciones están las resoluciones de los conflictos. Todo son trucos y vueltas para conseguir objetivos, ya sean sexuales o económicos o  un mero afán de notoriedad. El único personaje coherente con una línea fija y brutal es el de Ida –interpretado magistralmente por Helena Castañeda- que no da respiro a cada acción que acontece y que tiene como telón de fondo a una hija que no tiene más esperanzas que las que ofrece un diplomático que busca consuelo sexual. La opción de Jose Luis Arellano por mostrar un sexo tan palpable como real –no sólo desnudos, sino también un acto de cópula con puesta de condón o sodomización- no tiene ninguna fuerza más que la de satisfacer a algún ‘voyeur’, pero aún así, las acciones de Helena Castañeda son tan reales que consiguen que la función se mantenga por tal bravo esfuerzo. No están a la altura los demás interpretes. Alcobendas –como fotógrafo premiado- salva su personaje, pero tanto Chani Martín como Marina Seresesky no consiguen levantar las acciones de unos personajes que resultan tan planos como estáticas sus interpretaciones, por lo que el engranaje de mentiras en el que están envueltos no puede concretarse en algo resolutivo. 

‘La piel en llamas’ dispara sin ánimo de herir a lo largo de una hora en la que el intento de evocar imágenes son sólo flashes de una cámara sin carrete.

IVÁN CERDÁN

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'LA MALDICIÓN DE ROOKFORD'. Derecho a vivienda con fantasma

CRÍTICA DE CINE

'La maldición de Rookford'
Nick Murphy (Gran Bretaña, 2011)

Tras la estela de espectadores y recaudación dejada por ‘El orfanato’ y un poco más atrás ‘Los otros’ se deja caer la producción británica ‘La maldición de Rookford’. Esta nueva incursión en el cada vez más desgastado género de casas encantadas no aporta nada nuevo. Todo es frío, aséptico, demasiado calculado, incluso ese supuestamente volcánico epílogo que rompe con todo lo visto y desequilibra la sobriedad de la que hacía gala hasta entonces la ópera prima de Nick Murphy. Antes se citan en la mansión de turno, en este caso un internado privado situado en las afueras de Londres, todos los clichés posibles del género. Incluso una premisa interesante de inicio como era el colocar la historia poco después de la devastadora Primera Guerra Mundial, adelgaza ante la sobredosis de tópicos que acumula la cinta. La rigidez de la puesta en escena afecta al resto de parcelas, incluidas las interpretaciones. Tanto Rebecca Hall como Dominic West -cuesta verle aceptar semejante papel- se encuentran encerrados en las estrecheces impuestas por el guión y los secundarios apenas tienen fibra.

‘La maldición de Rookford’ encalla desde el primer giro, donde la historia pierde violentamente la credibilidad. El resto se fía a la ecuación eterna del género. Poco puede inquietar ya la fórmula compuesta exclusivamente por protagonista con traumas del pasado, niños fantasmas, ama de llaves inquietante y mansión saturada de ruidos y voces extrañas. A estas alturas, es probable que uno se sienta más seguro allí dentro que en el exterior.

RAFAEL GONZÁLEZ

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